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Edward O. Wilson

PREMIOS FRONTERAS DEL CONOCIMIENTO

Ecología y Biología de la Conservación

III edición

El Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Ecología y Biología de la Conservación se ha concedido al naturalista estadounidense Edward O. Wilson, uno de los pensadores más influyentes de nuestro tiempo, un excepcional biólogo y un sobresaliente experto en historia natural. Wilson acuñó y popularizó el término biodiversidad y ha contribuido extraordinariamente a concienciar a la sociedad de su valor.

MENCIÓN DEL ACTA

El Premio Fundación BBVA Fronteras del  Conocimiento 2010 en Ecología y Biología de la  Conservación se ha otorgado a Edward O. Wilson. “El profesor Edward O. Wilson es el fundador  de varias áreas importantes de la Ecología  y la Biología de la Conservación, incluyendo  la Biodiversidad, la Biogeografía de Islas y  la Sociobiología. Es uno de los pensadores  más influyentes de nuestro tiempo, y ha  propugnado diversas maneras de integrar y  unificar los diferentes ámbitos de las ciencias, las  humanidades y las artes ( la consiliencia )”.

El profesor Wilson es uno de los biólogos más  sobresalientes del mundo y un destacadísimo  experto en historia natural. Partiendo de una  fascinación por la biología de las hormigas que le  ha acompañado durante toda su vida, su carrera  científica ha ido ampliándose hasta extenderse  a toda la Ecología y Biología de la Conservación.  Acuñó y popularizó el término  biodiversidad , que  inspira en la actualidad iniciativas relacionadas  con la conservación de la naturaleza en todo el  mundo. En su libro  ‘Biophilia’ , el profesor Wilson  identificó y puso de manifiesto la importancia  de la conexión innata del ser humano con la  naturaleza y con el resto de seres vivos. Su  precoz interés por las hormigas le llevó a fundar  –junto al profesor Robert MacArthur– la teoría  de la Biogeografía de Islas, a mediados de los  años sesenta. De este interés nace una obra  fundamental sobre la comunicación química y  las feromonas, sobre las sociedades de insectos  y la Sociobiología y, en última instancia, sobre  las relaciones entre ciencia y cultura.Su impacto  ha resultado ciertamente extraordinario en la  creación e inspiración de nuevas áreas, no ya de  la Ecología y la Biología de la Conservación, sino  de toda la ciencia en general y de su divulgación  pública.

En la actualidad, son pocos los biólogos  en activo que no han recibido, de un modo u otro,  la influencia de su trabajo y sus escritos. Uno de los campos de gran importancia de nuestro  tiempo iniciados a partir de la investigación del  profesor Wilson es la Biogeografía de Islas, que ha  resultado de una influencia enorme no solo para  el ámbito de la Ecología, sino también para el de  la Biología de la Conservación. La constatación  científica de las extinciones causadas por las  amenazas a las pequeñas poblaciones en islas,  llevó a reconocer que no basta con aislar una  parcela del hábitat adecuado de una especie para  asegurar su persistencia. Posteriormente, varias  investigaciones más exhaustivas han abundado  en las causas de las extinciones esporádicas de  poblaciones pequeñas en “hábitats-isla”, que  han derivado en un mejor diseño de las reservas  naturales para minimizar las extinciones.

Dos de los numerosos libros del profesor Wilson,  acerca de la Sociobiología y la  consiliencia , han  unido la cultura humana a la ‘Ecología Evolutiva’ o  ‘Ecología de la Evolución’. Ambas obras, de primer  orden, sentaron una base sólida para una nueva  disciplina, la Psicología evolucionista, que está  revolucionando campos tan dispares como la  Antropología, la Lingüística y la Historia. A lo  largo de su carrera, el profesor Wilson ha escrito  una serie de libros que han gozado de un impacto  excepcional en la Biología y más allá de su  ámbito, y es el único autor que ha recibido en dos  ocasiones el Premio Pulitzer para obras de ámbito  general y no ficción. Sus logros, abundantes  y diversos, han tenido influencia de manera  profunda no solo en la Ecología y la Biología de  la Conservación, sino también en muchos otros  campos del empeño humano. Ha contribuido  extraordinariamente a concienciar a la sociedad  acerca de la biodiversidad y de los motivos por  los que la humanidad debe comprometerse a  salvaguardar la diversidad de los organismos vivos  en la Tierra.

BIOGRAFÍA

Edward O. Wilson (Alabama, Estados Unidos; 1929), se doctoró en Biología por la Universidad de Harvard en 1995. Al año siguiente, se incorpora a la institución como profesor agregado y en 1994 ocupa la cátedra de Investigación Pellegrino en Entomología. Es catedrático emérito desde 2002.

Autor de 433 artículos técnicos y 24 libros, así como editor de otros 7, ha obtenido el premio Pulitzer en dos ocasiones: en 1979 por ‘La naturaleza humana’ y en 1991 por ‘Las hormigas’. Otras obras de éxito son su autobiografía ‘El Naturalista’, ‘Sociobiología’, ‘La diversidad de la vida’, ‘Consilience’. ‘La unidad del conocimiento’ y ‘El futuro de la vida’. Los libros ‘La conquista social de la Tierra’ (2012), ‘Cartas a un joven científico’ (2013) y ‘El sentido de la existencia humana’ (2014) se ha situado en las listas de los más vendidos desde su publicación.

Es doctor honoris causa por 40 universidades y ha recibido la Medalla Nacional de la Ciencia (Estados Unidos), el Premio Internacional de Biología (Japón) y el Premio Crafoord de la Real Academia Sueca de Ciencias, entre otros 130 reconocimientos a su trayectoria.

CONTRIBUCIÓN

Discurso

Ecología y Biología de la Conservación, III edición

Bajo su despacho en el Museo de Zoología  Comparada de la Universidad de Harvard (Estados  Unidos), descansa la mayor colección de hormigas  del mundo: casi un millón de especímenes de  cinco mil variedades distintas. Su estudio ha hecho  aprender muchas cosas a Edward O. Wilson, premio  Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento 2010 en  Ecología y Biología de la Conservación. Aprender no  solo sobre las hormigas. También sobre las personas.  Sobre la sociedad. Sobre la vida. Creador de nuevas  áreas científicas, integrador de disciplinas, inspirador  de generaciones enteras de investigadores, Wilson  encarna en el siglo  xxi la figura de los grandes  ilustrados. Es el naturalista por excelencia. “Uno de los pensadores más influyentes de nuestro  tiempo, uno de los biólogos más excepcionales y un  sobresaliente experto en historia natural”, describe el  acta del jurado. “Su impacto ha resultado ciertamente  extraordinario en la creación e inspiración de  nuevas áreas, no ya de la Ecología y la Biología de la  Conservación, sino de la ciencia en general y de su  divulgación pública. Son pocos los biólogos hoy en  activo que no han recibido, de un modo u otro, la  influencia de su trabajo y sus escritos”. No en vano la autobiografía de Wilson se titula ‘El naturalista’ .

El  hoy  University Research Professor  emérito de la  Universidad de Harvard y conservador honorario de  Entomología en el Museo de Zoología Comparada  de esa misma universidad, vivió su despertar a la  naturaleza a los siete años, en un verano en Playa  Paraíso, Florida, contemplando admirado medusas  y rayas. “La mayoría de los niños pasan por una  etapa de [fascinación con los] bichos; creo que yo  no he superado la mía”, ha escrito Wilson. “Cada  especie, grande o pequeña, era una maravilla que  merecía ser examinada, pensada y, si se daba el  caso, capturada y examinada de nuevo”. Hoy Wilson lamenta que los niños de los países  desarrollados no tengan suficiente experiencia  directa de la naturaleza. “Un niño se acerca a la  orilla del agua profunda con una mente preparada  para el asombro”, escribe. Una espina clavada en la  pupila en un accidente de pesca aquel verano, junto  con un defecto de audición hereditario, acabarían  determinando su vida profesional: le resultaba más  sencillo observar pequeños insectos que grandes  mamíferos, y no identificaba el canto de los pájaros.  “Soy ciego de un ojo y sordo para las frecuencias  altas, así que soy entomólogo”, ha explicado.

A los nueve años Wilson emprendía sus primeras  expediciones exploratorias en el parque natural  Rock Creek de Washington, y a los trece, en  Alabama, descubrió su primera colonia de hormigas de fuego. A los dieciocho años empezó  a coleccionar moscas, pero la escasez de alfileres  debida a la Segunda Guerra Mundial le hizo pasarse  a las hormigas –que podía guardar en viales–.  Tras licenciarse en Biología por la Universidad de  Alabama, se doctoró en la Universidad de Harvard,  a la que ha seguido vinculado hasta ahora. Sus  estudios sobre las hormigas, un hilo conductor en  toda su carrera, le han valido el sobrenombre de “el  señor de las hormigas”. Wilson fue el primero en describir el  comportamiento social de las hormigas y de otros  insectos sociales, desentrañando el “lenguaje  químico” con que construyen sus rutas y se  comunican. También acuñó y popularizó el término  biodiversidad , concepto paralelo al de que la  naturaleza funciona como un concierto de especies  relacionadas entre sí en un delicado equilibrio. Con su trabajo Wilson no solo ha ayudado a diseñar  mejores estrategias para preservar este equilibrio,  sino que ha transmitido al público en general la  importancia de hacerlo. “Los seres vivos son la  parte de la naturaleza que más le importa a la  humanidad”, dice. “En última instancia, nuestras  vidas dependen de ellos. La diversidad de especies  crea el entorno preciso que necesitamos para  nuestra supervivencia. Estamos destruyendo  despreocupadamente una gran parte de esta  diversidad. Nos estamos dañando a nosotros  mismos, peligrosamente”.

Wilson se muestra satisfecho de que “la idea de  la biodiversidad esté ahora en todas partes”,  pero pide acciones mucho más efectivas para  conservarla: “El público y los dirigentes políticos  no son aún lo suficientemente conscientes de la  importancia de la biodiversidad”. Recuerda que  “solo conocemos un diez por ciento de todos los  insectos”, y que completar estos grandes vacíos en  el conocimiento de los organismos que pueblan el  planeta es esencial para nuestro propio desarrollo.  Sus obras de divulgación son un potente  amplificador de ese mensaje. Wilson ha obtenido  el Premio Pulitzer en dos ocasiones: en 1979  por  La naturaleza humana y en 1991 por  Las  hormigas . Otras de sus obras, como  Sociobiología,  La diversidad de la vida, Consilience. La unidad  del conocimiento, El futuro de la vida y su  autobiografía, también han sido muy exitosas En ellas muestra su habilidad para pasar de la  alta especialización científica al conocimiento  global, aportando una visión integradora del saber  humano.

De esa mirada ecléctica y profundamente  erudita ha surgido incluso un área de investigación  hoy en pleno auge, la Sociobiología, que estudia  las bases biológicas del comportamiento humano.  Está inspirada, en parte, en su investigación de los  insectos sociales: “He pensado en lo que el estudio  del comportamiento social de las hormigas puede  aportar al estudio del comportamiento humano  desde que empecé a formular la disciplina de la  Sociobiología, en los años setenta. Las hormigas  son los animales que tienen la estructura social  más compleja, aparte de nosotros. Su estudio ha  tenido una enorme influencia en el estudio del  comportamiento humano”, dice Wilson. Es en  Consilience donde desarrolla al máximo su  idea del saber unificado, de que las ciencias, las  humanidades y las artes no son ramas aisladas: “En esta era lo más importante es la síntesis, la  capacidad de aunar los avances en diversas áreas  y crear un cuerpo común de conocimiento”,  explica; “Cuando hayamos unificado lo suficiente  determinados conocimientos, comprenderemos  quiénes somos y por qué estamos aquí”. Wilson sigue siendo, a sus ochenta y un años, un  enamorado de las hormigas. Las observa dondequiera  que va. Y se declara, ante todo, optimista. ¿Será  capaz la humanidad de preservar la riqueza de la vida  en la Tierra? “Somos bastante capaces de salvarla,  si aprendemos más sobre ella y hacemos el esfuerzo.  Creo que actuaremos a tiempo”.