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Pedro L. Alonso 

PREMIO FRONTERAS DEL CONOCIMIENTO

Cooperación al Desarrollo

IX edición

Los investigadores Pedro L. Alonso y Peter J. Myler han sido galardonados por sus significativas contribuciones a la detección y prevención de complejas enfermedades infecciosas como la malaria y el Chagas, fundamentando abordajes eficaces para la reducción de su impacto en los países en desarrollo.

MENCIÓN DEL ACTA

El Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Cooperación al Desarrollo ha sido concedido en su novena edición a Pedro L. Alonso y Peter J. Myler por haber mejorado la comprensión de la detección y prevención de varias enfermedades infecciosas que afectan particularmente a las poblaciones vulnerables de los países en desarrollo.

La evaluación experimental realizada por Alonso y sus colegas en los años ochenta sobre la eficacia de las mosquiteras tratadas con insecticida contra los mosquitos que propagan el paludismo, y sus exitosas pruebas de vacunas contra la malaria en la década del 2000, se han convertido en dos pilares del control de la malaria. En 2015 en torno a cuatrocientas mil personas murieron de malaria y millones sufrieron la infección.

Myler y sus colegas describieron, a partir de 2005, el genoma de los agentes de otras dos enfermedades que afectan a millones de personas en los países en desarrollo: la enfermedad de Chagas, transmitida por los triatominos, y la leishmaniasis, transmitida por la mosca de la arena. Se estima que cuarenta mil personas fallecieron a causa de estas enfermedades en 2015. Estos avances de investigación en genómica estructural abren una ruta para desarrollar nuevos fármacos con que combatir estas y, potencialmente, otras enfermedades.

Las innovaciones en las que se basan las aproximaciones desarrolladas por los dos galardonados están listas para convertirse en partes críticas de una estrategia más amplia con el fin de reducir la carga de enfermedades infecciosas en los países en desarrollo.

BIOGRAFÍA

Pedro L. Alonso (Madrid, España; 1959) se licenció en Medicina en 1984 por la Universidad Autónoma de Madrid, realizó el Máster de Ciencia de la London School of Hygiene and Tropical Medicine y se doctoró en 1999 en la Universidad de Barcelona. Entre 1992 y 2000 dirigió la Unidad de Epidemiología y Bioestadística del Hospital Clínic de Barcelona.

En 1996 fundó el Centro de Investigación en Salud de Manhiça, CISM (Mozambique) del que fue director científico hasta 2008. Ha sido director del Centro de Salud Internacional del Hospital Clínic de Barcelona (2001-2014), del Centro de Investigación en Salud Internacional de Barcelona (CRESIB) (2006-2014), y del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) (2010-2014), que así mismo fundó.

Actualmente es catedrático de Salud Internacional en la Universidad de Barcelona y director del Programa Mundial de la Malaria de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Ginebra (Suiza).

CONTRIBUCIÓN

Bien entrado ya el siglo XXI, una de las principales amenazas para el desarrollo humano sigue siendo los parásitos, que según la OMS roban anualmente a la humanidad más de 55 millones de años de vida saludable. En 2015 solo el parásito ‘Plasmodium’ infectó a 212 millones de personas, de las que 429.000 murieron. Y sin embargo, la enfermedad causada por el ‘Plasmodium’, la malaria, es hoy totalmente prevenible y curable. ¿Cómo se explica esta paradoja? La pista la da el sobrenombre con que se conoce a las infecciones parasitarias: enfermedades ‘de los pobres’. Es la pobreza lo que multiplica el potencial devastador de estas dolencias, y son ellas las que a su vez, en una simbiosis perversa, lastran la economía de los países donde son endémicas. «La malaria sigue siendo una de las principales causas y consecuencias de la pobreza y la desigualdad: frena el desarrollo económico, impide que los niños vayan a la escuela, agota los sistemas nacionales de salud», según se recoge en la Estrategia Técnica Global contra la Malaria 2016-2030.

Pero también hay buenas noticias. La prevalencia de las enfermedades infecciosas y parasitarias se ha reducido en los últimos años, y los avances en el conocimiento en esta área permiten suponer que la tendencia se mantendrá en el medio y largo plazo. El trabajo de los investigadores Pedro L. Alonso y Peter J. Myler, ganadores del Premio Fronteras del Conocimiento en Cooperación al Desarrollo, tiene mucho que ver en ello. Las contribuciones de Alonso han sido determinantes para lograr una reducción de hasta el 60 por ciento en la mortalidad por malaria en los últimos 15 años; la investigación de Myler se considera indispensable para el desarrollo de cualquier futuro fármaco o vacuna contra estas enfermedades.

Reducción de un 60% la mortalidad por malaria

Pedro Alonso es catedrático de Salud Internacional en la Universidad de Barcelona, y desde 2014 dirige el Programa Mundial de la Malaria de la OMS en Ginebra (Suiza). Su primer gran logro, publicado en 1991 en ‘The Lancet’, fue demostrar que las mosquiteras impregnadas con insecticida protegen contra la malaria, algo sobre lo que no había evidencias claras y que incluso se había vuelto controvertido. El equipo de Alonso zanjó la polémica mediante un ensayo en Gambia cuyos resultados positivos fueron posteriormente corroborados por otros grupos de investigación. Durante la pasada década se distribuyeron más de mil millones de estas mosquiteras, hoy convertidas «en la herramienta central en la lucha contra la malaria», explica el propio Alonso: «Tecnología de bajo coste pero enorme impacto». Se atribuye a las mosquiteras el reciente descenso de la mortalidad por malaria, que supone casi seis millones de vidas salvadas, sobre todo de niños pequeños africanos.

Alonso dirigió también los primeros estudios que demostraban que la vacunación sí puede ser una estrategia efectiva contra la malaria, algo que no resultaba obvio dada la extrema complejidad del parásito. Más recientemente, ha liderado el ensayo de la vacuna considerada hoy más avanzada (RTS,S), que la OMS aplicará en proyectos piloto en África subsahariana en 2018.

Toda muerte por malaria, una enfermedad que se puede prevenir y tratar, es simplemente inaceptable

TUITEAR

Pedro Alonso, no obstante, destaca otro aspecto de su trayectoria: «Me siento orgulloso de haber contribuido a consolidar centros de investigación de excelencia, tanto en Barcelona como en uno de los países más pobres del mundo, Mozambique, dirigido por investigadores mozambicanos». El Centro de Investigación en Salud de Manhiça (CISM), en Mozambique, fue creado en 1996 y es actualmente líder en su área. En 2010, Alonso fundó el Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

La mayor parte de la carrera de Peter J. Myler (Rockhampton, Australia; 1956) se ha desarrollado físicamente muy cerca de los parásitos; pero no de los parásitos ‘salvajes’, sino de los cultivados con fines de investigación en el insectario de alta seguridad del Centro de Investigación de Enfermedades Infecciosas en Seattle, Estados Unidos.

Porque aunque Myler no haya llevado a cabo mucho trabajo de campo, posee un profundo conocimiento sobre los parásitos y sus vectores —en el caso del ‘Plasmodium’, el mosquito ‘Anopheles’—: conoce sus genes, la estructura de sus proteínas… La razón es que Myler es pionero en la aplicación de las tecnologías de la biología moderna a las enfermedades endémicas de países en desarrollo. Proporciona así un tipo de información indispensable para buscar nuevos tratamientos o vacunas: «El genoma es como el libro de instrucciones de un organismo», explica, «nos permite conocer todos sus mecanismos internos para hallar nuevas herramientas capaces de combatirlo».

Myler empezó su carrera investigando en malaria en la Universidad de Queensland (Australia) y después viajó a Estados Unidos. En 2005 lideró el proyecto para secuenciar el genoma de los parásitos ‘Leishmania’ y ‘Trypanosoma cruzi’, que causan la muerte de decenas de miles de personas cada año, a pesar de que, como la malaria, son enfermedades tratables.

Peter Myler es director del Centro de Genómica Estructural para Enfermedades Infecciosas de Seattle. El conocimiento básico que aporta su trabajo ha permitido identificar decenas de nuevas dianas farmacológicas. Ya hay varios fármacos en ensayo producto de sus aportaciones, aunque Myler advierte de que ninguno de ellos será la solución definitiva: «Los parásitos están continuamente volviéndose resistentes, por lo que siempre tendremos que estar desarrollando nuevos fármacos».