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Concierto homenaje a los Premios Fronteras del Conocimiento

El pasado 14 de junio se celebró en el Teatro Real el concierto homenaje a los premios Fronteras del Conocimiento, que precede cada año a la solemne ceremonia de entrega de galardones en el Palacio del Marqués de Salamanca, sede de la Fundación BBVA en Madrid.

17 junio, 2017

El concierto constituyó un homenaje a los galardonados en esta IX edición de los premios: David Cox y Bradley Efron, en Ciencias Básicas; Emmanuelle Charpentier, Jennifer Doudna y Francisco J. Martínez Mojica, en Biomedicina; Syukuro Manabe y James E. Hansen, en Cambio Climático; Gene E. Likens y Marten Scheffer, en Ecología y Biología de la Conservación; Geoffrey Hinton, en Tecnologías de la Información y la Comunicación; Daron Acemoglu, en Economía, Finanzas y Gestión de Empresas; Pedro L. Alonso y Peter J. Myler, en Cooperación al Desarrollo; y Sofia Gubaidulina, en Música Contemporánea. La velada corrió a cargo de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, con el debut como director del estadounidense Robert Treviño.

El programa arrancó con el Preludio al primer acto de Los maestros cantores de Núremberg, la ópera en la que Richard Wagner aborda el conflicto, viejo como el mundo y recurrente en la ciencia y la creación, entre conservadores y renovadores, entre el arte nuevo y el arte antiguo. Siguió con The Light of the End, que se estrena en España, y en el que Sofia Gubaidulina recrea el conflicto entre los armónicos naturales de los instrumentos y la afinación temperada que domina la música europea desde Bach para simbolizar los puentes que el arte tiende entre el mundo material y el espiritual; y concluyó con Una vida de héroe, un poema sinfónico de ese contador de historias -ya a través de la ópera, ya del monodrama sinfónico- que fue Richard Strauss.

Concierto homenaje Premios Fronteras del Conocimiento

Sofia Gubaidulina: en busca de la comprensión total del mundo

“Desde que era niña, mi objetivo ha sido ampliar el conocimiento, universalizarme, comprender todo el mundo en su integridad”, ha explicado Sofia Gubaidulina, cuya vida y obra están gobernadas por esa pulsión de comprender y reunificar el universo que, a su parecer, está partido en cielo y tierra. Ella prefiere decir “re-ligar”, que es el verbo titular de la religión. Gubaidulina concibe la música (y el arte en general) como una escalera de Jacob que apoya uno de sus extremos en la tierra y el otro en el cielo. Su estética es neutra: los procedimientos compositivos le son irrelevantes salvo por su efectividad como vehículo místico. Prueba de ello es que se haya abstenido (hasta el momento) de componer ópera: “La ópera me mantendría a ras de tierra, porque tiene demasiadas cosas. El género sinfónico, sin embargo, que no tiene ese exceso de materia, me permite subir al cielo”.

Sofia Asgatovna Gubaidulina nació el 24 de octubre de 1931 en Chístopol, en la actual Tartaristán, una de las repúblicas centroasiáticas de la Federación Rusa. Su padre era un topógrafo tártaro y ateo; su abuelo paterno, un clérigo musulmán de túnica y turbante; su madre, una maestra rusa de origen polaco y judío. A Sofia le fascinaba este cruce de tradiciones.

A los veintitrés años se graduó en piano y composición en el Conservatorio de Kazán. Shostakovich le animó a “continuar por su camino erróneo”, aludiendo al carácter antisoviético de esa música: inclinación vanguardista, sonoridades microtonales y, sobre todo, espiritualidad, cuando no abierta religiosidad. Para Gubaidulina, y para sus colegas del triunvirato de la vanguardia moscovita, Edison Denisov y Alfred Schnittke, seguir el camino erróneo significaba la imposibilidad de hacer carrera. Ella se refugió en la composición privada, en la música de cine y en la práctica de la improvisación con instrumentos populares -por los que sigue sintiendo devoción- en el Ensemble Astreia, que fundó en 1975. En 1979 se le prohibió definitivamente estrenar música. Un año después, sin embargo, su carrera y su vida habían de cambiar drásticamente de rumbo. Dedicó su concierto para violín y orquesta Offertorium (1980) a Gidon Kremer, quien se entusiasmó con él y lo llevó en triunfo por el mundo.

A partir de entonces se sucedieron los encargos de la Filarmónica de Nueva York, las sinfónicas de Chicago y Boston, el Cuarteto Kronos; en Europa llegaron peticiones de Berlín, Helsinki, Róterdam, Hamburgo, Londres… Se interesaron por su obra solistas como Anne-Sophie Mutter, con su concierto In tempus praesens… Entre sus obras más representativas figuran una Pasión y una Pascua, ambas según San Juan, y las que utilizan el bayán, el acordeón ruso: De profundis, In Croce, Silenzio… Destacan también Introitus o The Light of the End, que se estrenará en España en el concierto de homenaje a los galardonados en la IX edición de los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento.

El jurado de los premios destacó en el acta “el excepcional rango y calidad de su creación musical, dotada de una cualidad espiritual altamente personal y distintiva” y subrayó cómo “la dimensión transformadora de sus creaciones le han ganado una amplia difusión más allá de las audiencias convencionales para la música contemporánea”.

Una vieja relación, un reencuentro y un nuevo director

La Orquesta Sinfónica de Euskadi, con la que la Fundación BBVA mantiene una colaboración consolidada, comenzó a interpretar a Sofia Gubaidulina en 1996. Esta relación se fue estrechando hasta que, en 2010, Gubaidulina se trasladó al País Vasco para dirigir personalmente, con los músicos de la Sinfónica de Euskadi, la grabación de Kadenza, un disco que incluye sus obras Kadenza, Seven Words, Et exspecto e In Croce y en el que participan el acordeonista Iñaki Alberdi y el violonchelista Asier Polo, bajo la dirección de José Ramón Encinar. Este concierto ha marcado el reencuentro entre la formación vasca y la compositora con ocasión de la entrega a esta del Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Música Contemporánea y el concierto en homenaje a los galardonados, con motivo del cual se ha estrenado en España The Light of the End.

El concierto homenaje a los premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento ha supuesto, además, el debut de Robert Treviño como director titular de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, misión que desempeñará hasta 2020. La proyección internacional del director estadounidense conoció un punto de inflexión en 2013, cuando dirigió con gran éxito el Don Carlo de Verdi en el Teatro Bolshoi de Moscú. Aquello supuso el inicio de una creciente carrera como director invitado en Europa y Asia, en donde ya se habla de él como de un director revelación. Desde entonces ha sido director invitado de la Filarmónica de Múnich y la Filarmónica de Londres, la Sinfónica de Bamberg, la Orquesta Nacional de Francia y la Sinfónica de la Radio de Berlín, entre otras. En Estados Unidos se ha puesto al frente de las orquestas sinfónicas de Detroit, San Francisco, Cleveland o Cincinnatti.