charles-manski-xviii-fronteras-economia
En la categoría de Economía, Finanzas y Gestión de Empresas

Premio Fronteras del Conocimiento a Charles Manski por incorporar la incertidumbre en la investigación económica y su aplicación al análisis de las políticas públicas

FUNDACIÓN BBVA

El Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Economía, Finanzas y Gestión de Empresas ha sido concedido en su XVIII edición a Charles Manski por sus contribuciones pioneras a la medición de la incertidumbre en la investigación económica y su aplicación al análisis de las políticas públicas. El catedrático de la Universidad Northwestern (Chicago, EEUU) ha sido una “figura clave”, según resalta el acta del jurado, en el desarrollo de los métodos econométricos modernos que han transformado la manera en que los economistas infieren las conclusiones que se pueden extraer de los datos, reconocen el grado de incertidumbre en sus modelos y evalúan políticas públicas cuando la evidencia es incompleta.

25 febrero, 2026

Perfil

Charles Manski

Su trabajo a lo largo de cinco décadas “ha influido profundamente en la investigación empírica en los ámbitos de la educación, las políticas sanitarias, los mercados de trabajo, las políticas industriales y los programas sociales al alentar a los economistas a basarse en inferencias fiables y transparentes respecto a los supuestos” en los que se basan sus investigaciones.

“Los métodos que ha elaborado evalúan el grado de confianza que puede concederse a las mediciones empíricas” y por ello sus contribuciones le han convertido en “una conciencia crítica de la medición en las ciencias sociales”, concluye el acta.

El trabajo de Manski “ha desvelado algunas de las suposiciones erróneas que hacemos los economistas y que hacen que nuestras predicciones y nuestra comprensión del comportamiento sean bastante frágiles”, señala Sir Richard Blundell, titular de la Cátedra David Ricardo de Economía Política en el University College London (Reino Unido) y miembro del jurado. “Nos ha enseñado a examinar cuidadosamente los supuestos en los que se apoyan nuestros análisis y a basar tanto nuestras predicciones como nuestra comprensión del comportamiento en evidencias creíbles”.

“Es un gran innovador en los métodos de medición empírica en la economía y en las ciencias sociales”, resalta por su parte Manuel Arellano, catedrático de Economía en el Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI) del Banco de España y secretario del jurado. “Ha llevado a cabo contribuciones fundamentales a los métodos para la medición del rango de efectos posibles que pueden afirmarse de manera concluyente en el análisis de políticas en condiciones de incertidumbre”.

El profesor Arellano también ha destacado la gran influencia de Manski en la medición de expectativas por parte de los agentes económicos: “Las empresas, los hogares, las personas –explica– tomamos decisiones o dejamos de tomarlas en función de la seguridad que tenemos acerca de nuestras circunstancias futuras. Si estoy muy seguro de cuál va a ser mi renta el año que viene, me embarcaré en un tipo de decisiones de consumo que tomaré de forma diferente si tengo una gran incertidumbre”.

En este ámbito, explica Arellano, Manski ha tenido un gran papel en promover la cuantificación de la incertidumbre de los agentes económicos: “Se trata, por ejemplo, de medir por medio de encuestas qué probabilidades asignan las personas a que el precio de su vivienda o sus ingresos aumenten, o de estar desempleados en el periodo futuro. Manski ha sido un innovador en medir estas expectativas en encuestas y cómo utilizarlas en el análisis económico. Inicialmente, esta actividad se percibió con escepticismo, pero hoy en día bancos centrales como el Banco de España, la Banca de Italia y la Reserva Federal de Nueva York sistemáticamente llevan a cabo encuestas recogiendo expectativas de agentes económicos, en buena medida basándose en ideas que Charles Manski puso en circulación”.

Reconocer la “incertidumbre profunda” frente a las “certezas increíbles”

“La mayoría de los economistas”, afirma Charles Manski, “rehúyen la incertidumbre y prefieren obtener respuestas firmes a sus preguntas. Esto es especialmente cierto en el estudio de las políticas públicas. Los ciudadanos quieren respuestas para saber si una política es buena o mala, y a los economistas les gusta dárselas”. Por ello, el investigador galardonado considera que con frecuencia en el campo de la economía se presentan conclusiones caracterizadas por lo que él denomina “certeza increíble”, con cifras y porcentajes que carecen de suficiente base empírica.

“A veces”, continúa Manski, “los economistas sí se ocupan explícitamente de la incertidumbre afirmando que hay un 10% o un 20% de probabilidades de que una política tenga un determinado efecto, pero mi propio trabajo se centra en situaciones realmente más difíciles en las que no se pueden asignar probabilidades”.

Manski ha sido pionero en el desarrollo de métodos econométricos para investigar con precisión estos contextos que él define como situaciones de “incertidumbre profunda”, incorporando la medición de esta incertidumbre al análisis: “Son problemas difíciles de política pública, y lo que realmente hay que hacer es cuantificarlos. Lo que eso implica es que, en lugar de proporcionar una estimación puntual de alguna cantidad, como cuáles serán los ingresos fiscales con determinadas políticas de impuesto sobre la renta, puedo dar un rango, un intervalo. La amplitud de ese límite expresará el grado de incertidumbre que existe. El límite puede ser muy estrecho, lo que significa que se sabe mucho, o muy amplio, lo que significa que realmente se sabe muy poco sobre una determinada cuestión”.

Reflejar la incertidumbre con intervalos de resultados posibles

A finales de la década de 1980, mientras dirigía el Instituto de Investigación sobre la Pobreza en la Universidad de Wisconsin, Madison, Manski se enfrentó a una laguna metodológica que redefiniría su trayectoria académica y acabaría transformando la econometría moderna.

En un estudio realizado con sus colaboradores sobre la trayectoria que seguían personas sin hogar, Manski detectó un vacío crítico de datos no disponibles: al intentar realizar un análisis longitudinal para rastrear las trayectorias de vida de los individuos sin domicilio fijo, solo se logró reentrevistar en torno al 60% de los sujetos de la muestra original un año después del inicio de su estudio. La dificultad principal a la hora de recabar datos sobre su trayectoria recaía en la ausencia de direcciones fijas de los sujetos participantes, que imposibilitaba volver a contactar a cerca del 40% de la muestra.

“El procedimiento estándar era asumir que las personas que abandonaban la muestra, lo hacían al azar, lo que implica que los individuos que los investigadores no consiguen volver a localizar son exactamente iguales a los que sí reencuentran. Si aquellos participantes que los investigadores no pueden encontrar son muy similares a los que sí localizan para entrevistar una segunda o una tercera vez, los datos ausentes no suponen un problema”, explica Manski.

Sin embargo, esta suposición no le resultaba convincente: Manski sospechaba que los individuos sin hogar que más tarde resultaban ilocalizables se encontraban, precisamente por no haber podido ser ubicados, con mayor probabilidad en condiciones sistemáticamente peores que aquellos que sí habían conseguido volver a encontrar, lo que invalidaba cualquier conclusión basada en esa primera suposición.

Este problema, en el que Manski ha ahondado a lo largo de toda su trayectoria académica, dio lugar al desarrollo de la identificación parcial, una de sus contribuciones más destacadas en el campo de la econometría. Su propuesta –desarrollada en sus libros Identification Problems in the Social Sciences (“Problemas de identificación en las ciencias sociales, Harvard University Press, 1995) e  Identification for Prediction and Decision (“Identificación para la predicción y la decisión”, Harvard University Press, 2007) – fue sustituir la certeza artificial de una cifra concreta por el uso de intervalos, una aportación metodológica fundamental donde en vez de forzar una estimación puntual, es decir, un único valor numérico, se ofrece un rango de resultados posibles que tiene en cuenta la incertidumbre de los datos.

“La idea es, efectivamente, que no se pueden obtener conclusiones definitivas ni cifras definitivas, sino que siempre hay que trabajar con intervalos. Lo ideal es que los intervalos sean lo más pequeños posible, pero eso tiene una contrapartida”, advierte Manski. “Se puede reducir el intervalo haciendo más supuestos: cuanto más se asume, más se pueden reducir los intervalos, pero eso conlleva un peligro. Se pueden sacar grandes conclusiones haciendo grandes suposiciones, pero entonces no serán creíbles. Para resumirlo de forma abreviada, acuñé este concepto como ‘ley de la credibilidad decreciente’, que afirma que si se hacen suposiciones más fuertes a partir de las cuales se pueden extraer conclusiones más sólidas, estas últimas serán menos creíbles”.

Para Iván Fernández Val, catedrático de Economía en la Boston University que se encuentra actualmente visitando el Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI), esta contribución de Manski ha sido “fundacional y transformativa”, porque “ha cambiado la manera de pensar de los economistas y su forma de analizar datos”. Para ilustrar la relevancia que tiene el concepto clave de la identificación parcial, Fernández Val pone el ejemplo de una encuesta electoral en la que solo se presentan dos partidos: “Hay personas que van a contestar, pero otras que no. Por eso, aunque entrevistes a todo el electorado, nunca vas a poder saber con exactitud qué porcentaje votará por cada partido. Lo único que puedes afirmar es que existe un intervalo de proporciones posibles para cada partido, compatible con las respuestas observadas. Esta observación cambia fundamentalmente la forma de analizar datos, en lugar de utilizar métodos que buscan estimar un único número, lo que obtienes es un rango de valores posibles. Aunque esto complica el trabajo, ofrece una imagen más realista de la incertidumbre que existe en las estimaciones”.

El desafío de analizar políticas públicas en un “mundo incierto”

Las contribuciones metodológicas de Charles Manski han tenido un trasvase práctico en el diseño de políticas públicas, especialmente en el ámbito educativo, un área de interés ya presente desde su tesis doctoral, en la que el economista realizó un análisis de la toma de decisiones en la etapa preuniversitaria: se preguntaba cómo los estudiantes que finalizaban la secundaria elegían entre ir o no a la universidad y, en caso afirmativo, por qué institución se decantaban.

“Quería comprender la decisión de ir a la universidad”, rememora Manski, cuya motivación surgió a raíz de una medida gubernamental: “a comienzos de los años 70, el gobierno federal puso en marcha unas políticas de becas para fomentar el acceso de estudiantes de bajos ingresos a la universidad, ya que la matrícula era cara”.

Esta iniciativa política le condujo a desarrollar una hipótesis contrafactual –un planteamiento que explora los posibles escenarios alternativos y los compara con la realidad– orientada a entender cómo los estudiantes toman decisiones frente a la incertidumbre y a evaluar el impacto de las ayudas económicas. “El problema que se nos presentaba es que teníamos datos sobre cómo la gente asistía a la universidad en ese momento, pero lo que queríamos era pronosticar cuántos jóvenes adicionales de 18 y 19 años elegirían ir a la universidad y a qué tipo de universidades” si se implementaba esa nueva política de becas.

En coautoría con David Wise, de la Kennedy School de Harvard, Manski recogió sus conclusiones en un paper inicial que derivaría en la publicación en 1983 del libro College Choice in America (“La elección de la universidad en Estados Unidos”) y culminaría con Public Policy in an Uncertain World: Analysis and Decision (“Políticas públicas en un mundo incierto: análisis y decisión”, 2013), una de sus obras de referencia.

Consciente de que para el diseño de políticas públicas que involucran dinámicas sociales, como en el ámbito educativo, es crucial entender cómo los individuos se influyen mutuamente, Manski formalizó el “problema del reflejo”, demostrando de manera matemática la complejidad de identificar si un individuo actúa por influencia de los semejantes de su entorno o si su influencia es recíproca. Este enfoque ayudó, entre otros, a desentrañar cómo la composición de un aula influye en la forma en que los estudiantes aprenden y cómo se impactan entre sí.

“En el supuesto de formar parte de un aula de alumnos excelentes, ¿soy yo que soy muy bueno o soy el reflejo de lo buenos que son mis compañeros? ¿Hasta qué punto puedo identificar separadamente cuál es la influencia de la gran capacidad que tienen mis compañeros y de que yo esté con ellos? ¿Y cuál es mi influencia particular?”, explica José García Montalvo, catedrático de Economía y Empresa en la Universidad Pompeu Fabra. “Si mis compañeros influyen en mí, pero yo también influyo en ellos, ¿cómo separamos esas dos cosas? Normalmente, es imposible”.

En este escenario, en palabras de García Montalvo, la apuesta de Manski se fundamenta en realizar una observación en varios momentos a lo largo de un periodo de tiempo, que no precisará el impacto de manera exacta pero sí ofrecerá “una banda de incertidumbre que no será excesivamente grande”.

Optimizar las decisiones médicas en contextos de incertidumbre

Otro importante campo de investigación al que Manski ha realizado una contribución pionera resaltada por el jurado ha sido la medición de la incertidumbre en el ámbito de la salud y la toma de decisiones médicas, plasmado en su libro Patient Care under Uncertainty (“El cuidado de pacientes bajo la incertidumbre”, Princeton University Press, 2019).

“Se podría pensar”, explica Manski, “que los tratamientos médicos y la toma de decisiones clínicas son un tema extraño para un economista, pero en realidad tiene mucho en común con el estudio de las políticas públicas. Un médico actúa básicamente como lo que en economía llamamos un planificador social en nombre del paciente. El médico intenta hacer lo mejor posible por su paciente, tenga una enfermedad cardíaca, cáncer, diabetes o cualquier otra enfermedad, pero el hecho es que en la medicina hay incertidumbre por todas partes”.

Desde esta óptica, Manski argumenta que las mismas herramientas metodológicas desarrolladas para la medición de la incertidumbre en la investigación económica y el análisis de políticas públicas pueden aplicarse para ayudar a los médicos, a las autoridades sanitarias y a los propios pacientes a tomar mejores decisiones cuando la evidencia es incompleta o ambigua. Su libro analiza los amplios grados de incertidumbre que pueden encontrarse con respecto a cuestiones como el estado real de salud de un paciente, su potencial respuesta a un determinado tratamiento o la evidencia derivada de ensayos clínicos sobre la eficacia real de un medicamento.

Con demasiada frecuencia, Manski señala, por ejemplo, que se extrapolan de manera errónea los resultados de ensayos clínicos realizados en un grupo limitado de pacientes a la población general, se producen errores estadísticos al optar por unas terapias frente a otras y se presentan datos sobre la eficacia de un medicamento que no se sostienen al analizar la evidencia real. Por todo ello, el economista galardonado enfatiza la importancia de que en el ámbito de la salud y la medicina también se incorpore la medición de la incertidumbre real que existe en cada caso concreto para tomar mejores decisiones basadas en la evidencia.

“Los médicos realmente hacen todo lo posible para ayudar a sus pacientes”, asegura Manski, “pero les resulta difícil lidiar con la incertidumbre, y muy a menudo se enfrentan a situaciones de ambigüedad o profunda incertidumbre en las que realmente no pueden asignar probabilidades precisas a las diferentes opciones de tratamiento. Por ello, la misma investigación metodológica que he llevado a cabo para incorporar la incertidumbre al análisis de políticas públicas es aplicable también a la toma de decisiones médicas. Los problemas de salud me parecen especialmente importantes y por eso en la actualidad dedico mucho tiempo a colaborar con investigadores médicos y economistas especializados en salud para abordar problemas relacionados con la toma de decisiones en este campo”.

Un escepticismo constructivo para presentar conclusiones creíbles

Manski afirma sentirse especialmente orgulloso de que el jurado del Premio Fronteras del Conocimiento le haya definido como “una conciencia crítica de la medición en las ciencias sociales”, ya que a lo largo de toda su trayectoria su objetivo fundamental ha sido “fortalecer la credibilidad” de la investigación tanto en economía como en muchos otros campos, desde la perspectiva de un “escepticismo” constructivo.

“Hay mucho hype y marketing en el mundo de la investigación, y a veces los economistas intentan presentar conclusiones muy contundentes que pueden no ser muy creíbles”, advierte Manski. “El papel de los econometristas como yo es señalar cuándo realmente no hay base para afirmar ciertas conclusiones. Esto es especialmente importante en el caso de las políticas públicas, precisamente porque por su naturaleza son muy políticas, y los ciudadanos van a tener diferentes posiciones al respecto. Por eso es extremadamente importante garantizar la robustez y credibilidad de la investigación, para que la gente la acepte y no piense que alguien se la puede estar inventando”.

A sus 77 años, Manski sigue plenamente volcado en impartir clases a sus alumnos y continuar sus diversas líneas de investigación para intentar precisar la medición de incertidumbre, con el objetivo de optimizar la toma de decisiones basada en la mejor evidencia posible, incluso entre personas no especializadas en econometría: “En la actualidad estoy intentando desarrollar un proyecto muy práctico para convertir todas estas ideas en una aplicación web que pueda utilizar incluso alguien sin conocimientos matemáticos para optimizar la toma de decisiones en el ámbito de la salud o cualquier otro campo”.

Biografía del premiado

Charles F. Manski (Boston, Massachusetts, Estados Unidos, 1948) se licenció (1970) y doctoró (1973) en Economía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Los primeros veinticinco años de su carrera académica transcurrieron entre la Universidad Carnegie Mellon (1973-1980), la Universidad Hebrea de Jerusalén, en Israel (1979-1983) y, de regreso a Estados Unidos, la Universidad de Wisconsin-Madison (1983-1998), donde fue catedrático en el Departamento de Economía y dirigió el Instituto de Investigación sobre la Pobreza. Desde 1997 es Board of Trustees Professor de Economía en la Universidad Northwestern (Evanston, Illinois), cuyo Departamento de Economía dirigió entre 2007 y 2010. Manski es autor de numerosos artículos de investigación y de nueve libros, entre los que figuran Discourse on Social Planning under Uncertainty e Identification for Prediction and Decision. Ha sido presidente del Consejo Supervisor del Estudio de Panel sobre la Dinámica del Ingreso (1994-1998) y, en el Consejo Nacional de Investigación, director del Comité de Datos e Investigación de Política sobre Drogas Ilegales (1998-2001). Ha sido editor del Journal of Human Resources, co-editor de Econometric Society Monograph Series y miembro del Consejo Editorial de Annual Review of Economics, entre otros cargos editoriales.

Nominadores

En esta edición se recibieron 82 nominaciones que incluyen un total de 70 candidatos. El investigador premiado fue nominado por Thierry Magnac, catedrático de Economía en la Universidad de Toulouse (Francia), y Richard J. Smith, catedrático emérito de Teoría Econométrica y Estadística Económica en la Universidad de Cambridge (Reino Unido).

Jurado y Comité Técnico de Economía, Finanzas y Gestión de Empresas

El presidente del jurado de esta categoría ha sido Eric S. Maskin, Adams University Professor en el Departamento de Economía de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) y Premio Nobel de Economía, y su secretario, Manuel Arellano, catedrático de Economía en el Centro de Estudios Monetarios y Financieros (CEMFI) del Banco de España.

Los vocales del jurado han sido Sir Richard Blundell, titular de la Cátedra David Ricardo de Economía Política en el University College London (Reino Unido) y Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Economía, Finanzas y Gestión de Empresas; Antonio Ciccone, catedrático de Economía en la Universidad de Mannheim (Alemania); Pinelopi Koujianou Goldberg, titular de la Cátedra William Nordhaus de Economía y Asuntos Globales en la Universidad de Yale (Estados Unidos); Andreu Mas-Colell, catedrático emérito de Economía en la Universitat Pompeu Fabra y la Barcelona School of Economics y Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Economía, Finanzas y Gestión de Empresas; Lucrezia Reichlin, catedrática de Economía en la London Business School (Reino Unido); y Fabrizio Zilibotti, titular de la cátedra Tuntex de Economía Internacional y del Desarrollo en la Universidad de Yale (Estados Unidos).

En cuanto al Comité Técnico de Apoyo, ha estado coordinado por Elena Cartea, vicepresidenta adjunta de Áreas Científico-Técnicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y por Joan Llull Cabrer, profesor de investigación en el Instituto de Análisis Económico (IAE, CSIC); e integrado por Manuel José García Santana, profesor en el Departamento de Economía y Empresa de la Universitat Pompeu Fabra;  Inés Macho Stadler, catedrática de Economía en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB); Xavier Ramos Morillas, catedrático en el Departamento de Economía Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB); y Virginia Sánchez Marcos, catedrática de Fundamentos del Análisis Económico del Departamento de Economía de la Universidad de Cantabria (UNICAN).