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En la categoría de Música y Ópera

Premio Fronteras del Conocimiento a Unsuk Chin por crear una voz propia de amplio impacto global en la música contemporánea, tanto por su virtuosismo innovador como por su imaginación sonora única

FUNDACIÓN BBVA

El Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Música y Ópera ha sido concedido en su XVIII edición a la compositora surcoreana Unsuk Chin por desarrollar una distintiva “voz propia” de amplio impacto global en la música contemporánea, caracterizada tanto por su innovador “virtuosismo instrumental” como por una “imaginación desbordante” que es capaz de “representar universos simbólicos de gran fuerza expresiva”, en palabras del jurado.

18 marzo, 2026

Perfil

Unsuk Chin

La “técnica singular” de Chin –resalta el acta del fallo– “crea paisajes en constante transformación, donde el color y la textura juegan un papel primordial”, desarrollando “una estética inconfundible dentro del campo de la música actual”. En particular, el jurado resalta que el enfoque musical de Chin se ha inspirado en “conceptos filosóficos y científicos” y “se nutre de la literatura surrealista y las artes visuales”. Entre su fructífero catálogo, el jurado destaca sus conciertos para instrumentos solistas y sus óperas, en las que “expande el uso de la voz con técnicas extendidas, escritura fragmentada y contrastes súbitos entre el lirismo y el texto hablado”, creando una música vocal “altamente expresiva y plástica” que hace posible “una caleidoscópica construcción de atmósferas”. La obra de Chin, concluye el acta, “se define por su refinamiento sonoro y su magistral capacidad de transformar el sonido en un juego de ilusiones y metamorfosis, que hacen de ella una de las grandes innovadoras en el ámbito de la música contemporánea”, cuyas partituras “figuran en los atriles de los más destacados intérpretes y orquestas del mundo”.

“Es una gran orquestadora, con un amplio catálogo que abarca desde la obra camerística hasta obras orquestales, pasando por la ópera. Se preocupa muchísimo por la factura técnica de su música, es decir, su música está escrita impecablemente, tiene un gran oficio y una imaginación sonora única”, afirma la compositora y catedrática de Composición en la Universidad Nacional Autónoma de México Gabriela Ortiz, quien ha ejercido como presidenta del jurado.

“Es una referencia absoluta en el campo de la música contemporánea, y sin duda se trata de una de las artistas que más claramente tiene un sello propio, con una música que se reconoce en cuanto se escucha”, asegura por su parte Víctor García de Gomar, director artístico del Gran Teatre del Liceu de Barcelona y secretario del jurado. “Partiendo de un mundo onírico lleno de fantasía, su música se caracteriza por una tímbrica y unos colores muy especiales, con unas orquestaciones enormemente ricas y suntuosas, en que se mezclan diferentes planos de una manera muy original”, añade.

Como señala Santiago Serrate, director de orquesta, profesor de concertación y técnicas de dirección en la Escuela Superior de Música Reina Sofía y miembro del jurado, “una de las claves de su éxito ha sido lograr el respaldo de algunos de los mejores directores de orquesta del mundo”, en especial de Sir Simon Rattle, a lo largo de toda su etapa al frente de la Filarmónica de Berlín, y cuyo sello discográfico dedicó un álbum a sus casi 20 años de colaboración (2005-2022), y de Kent Nagano. Este último ha dirigido obras de Chin en casi 50 ocasiones durante su trayectoria. Además, Nagano, que en septiembre asumirá los cargos de director titular de la Orquesta Nacional de España (ONE) y director artístico de la Orquesta y Coro Nacionales de España (OCNE), le encargó la composición de sus dos óperas cuando dirigía los teatros de ópera de Múnich (2007) y Hamburgo (2025).

De pianista a estudiante de composición en la Corea de posguerra

Todo empezó con el piano que el padre de Unsuk Chin (Seúl, Corea del Sur, 1961), un sacerdote presbiteriano, compró para la iglesia en la que predicaba. Entonces Chin solo tenía dos años y medio, pero recuerda la fascinación que le produjo esa vibración del sonido al tocar las teclas. “Poco después, empecé a aprender a tocar por mi cuenta. Mi padre sabía leer partituras, y me enseñó un poco, pero básicamente aprendí de forma autodidacta hasta que empecé la universidad. De niña, mi sueño era convertirme en pianista –aún hoy tocar es una de mis pasiones–, pero mi familia, como la mayoría de las familias de Corea del Sur en los sesenta, era bastante pobre y no tenía los medios para pagarme lecciones de piano”, relata la galardonada en una entrevista poco después de conocer la concesión del premio.

Con 12 años, su profesor de música del instituto, que era compositor, le sugirió que se decantara por la composición. “En ese momento no tenía ni idea de lo que suponía, pero me dije que sería mucho más barato que ser pianista”, bromea. La artista recuerda el limitado acceso a la música en esa Corea de posguerra, en la que era muy difícil conseguir partituras o vinilos. A pesar de tener que compaginar sus estudios secundarios con un trabajo para aportar dinero a su familia, Chin consiguió, tras ser rechazada en dos ocasiones, entrar en la Universidad Nacional de Seúl: “Tuve mucha suerte; a la tercera me aceptaron porque no había suficientes candidatos”.

La compositora rememora su etapa universitaria en Corea del Sur como un tiempo muy difícil, pero a la vez enriquecedor: “Estábamos bajo una dictadura militar y teníamos problemas políticos muy graves. Sin embargo, descubrí mucha música diferente cuando estudiaba allí. En mi segundo año, el compositor coreano Sukhi Kang regresó de Europa a impartir clases, y trajo consigo mucha información sobre la música contemporánea europea. Yo me convertí en su alumna número uno”. Las influencias que conoció gracias a Kang la impulsaron a proseguir su carrera como compositora en Europa.

Discípula de György Ligeti: el tortuoso camino hacia una voz propia

En 1985, Chin recibió una beca de intercambio del Gobierno alemán. Paralelamente, envió una carta al compositor húngaro György Ligeti, entonces afincado en Hamburgo, para que la aceptara como discípula. “Aún conservo esa carta. Yo me dirigía a él entonces como Fräulein Chin, es decir, Señorita Chin. Me dijo que me aceptaría si pasaba el examen en la Hochschule für Musik und Theater (Escuela Superior de Música y Teatro) de Hamburgo, y así fue”, cuenta.

Trabajar con Ligeti no fue fácil, ya que su estatus de maestro consolidado, famoso mundialmente y con grandes obras producía una brecha sustancial entre él y sus estudiantes, seis jóvenes compositores con poca experiencia, que se agrandaba por su severidad a la hora de enseñar. “Yo tenía un poco de miedo. Estuve aprendiendo con él tres años y sus lecciones eran muy duras. Quizá no era su culpa. Como judío superviviente de la Segunda Guerra Mundial no había tenido una vida fácil y parte de su familia había sido asesinada por los nazis. Como compositor, tenía una visión muy personal, y quería que le entendiéramos, que desarrolláramos esa visión personal a nuestra vez. Nos ponía bajo una presión psicológica muy dura de soportar, pero también es cierto que de él aprendí todo lo que necesité como compositora. Creo que fue el mejor profesor que tuve, y estudiar con él fue lo mejor que me pudo pasar en toda mi vida, porque todavía hoy, sigo aprendiendo de su música y de sus enseñanzas”, reflexiona la premiada. En particular, Chin considera que el nivel de autoexigencia y rigor crítico que aprendió de Ligeti –para quien lo único importante era la calidad de la partitura, independientemente de todo lo demás– ha sido fundamental para encontrar su identidad y voz propia como compositora.

La artista añade que el choque cultural que supuso para ella aterrizar en una Alemania aún dividida entre Este y Oeste, junto con la dificultad para compartir su obra, agrandó su malestar aquellos primeros años de formación en Europa: “Ahora el país está mucho más abierto, al igual que su población, pero en ese momento había mucha presión política. Como compositora joven y extranjera, me costaba mucho que interpretaran mis obras aquí, mientras que en París o en Londres, incluso en América, ya estaban aceptándolas”. Tras finalizar sus estudios con Ligeti, se trasladó a Berlín, ciudad de residencia desde entonces, donde trabajó como compositora independiente en un estudio de música electrónica de la Universidad Técnica de Berlín.

Su estilo propio ya se ponía de manifiesto en Troerinnen (“Las troyanas”, 1986), basada en la obra de Eurípides, para tres cantantes, coro femenino y orquesta, que proponía una música moderna en su lenguaje, pero lírica e irreverente en su expresividad. Sin embargo, no fue hasta los noventa, cuando la pieza para solista soprano y ensemble Akrostichon-Wortspiel (“Acrónimo-Juego de palabras”, 1991-93) marcó un antes y un después en su trayectoria. “En esta pieza me inspiré en el surrealismo: seleccioné muchos textos y los utilicé, no para darle un sentido semántico a la obra, sino para dictar el canto, como una herramienta. Deconstruí esos textos y elaboré un lenguaje artificial con ellos. Se estrenó en Londres, y tuvo muy buenas críticas”, declara la artista. Esta obra, que marcó el inicio de su carrera internacional, ha sido programada por ensembles internacionales en más de 20 países hasta la fecha.

Un enfoque musical que bebe de los sueños, la ciencia y la literatura

Tal y como ha subrayado el jurado, Chin ha desarrollado una estética inconfundible dentro del campo de la música actual, “llena de referencias a lo fantástico”. Chin admite que una fuente de inspiración han sido siempre sus sueños: “De pequeña, tenía casi todas las noches sueños maravillosos, de un universo estrellado con muchos colores y fenómenos naturales. Si dispones de ese tipo de imaginación, puedes afrontar mejor las dificultades del día a día. Mis sueños han sido fundamentales en toda mi música”, admite. Este universo onírico se ve reflejado, entre otros, en Xi (1998), una pieza para conjunto instrumental y electrónica cuyo título significa, en coreano, “origen”, “núcleo” o “la más pequeña unidad de las cosas”. Su estructura se desarrolla a partir de una serie de unidades musicales que, a lo largo de la composición, van añadiendo cada vez más sonidos. También bebe de las artes plásticas, como demuestra en Rocaná (2008), su primer encargo orquestal –comisionado por la Orquesta Nacional de Montreal, entonces bajo la dirección de Kent Nagano–, para el que se inspiró en una instalación de luces y colores brillantes del artista Ólafur Eliasson en un momento en que se sentía falta de creatividad tras componer su primera ópera.

Uno de los intereses que más la han influenciado a la hora de componer ha sido la ciencia, en especial, la física y la astronomía. “En épocas de mi vida en las que he estado frustrada y bajo mucho estrés, al final del día leía un libro sobre el Big Bang o el universo y se me pasaba, y ya podía dormir tranquila. En esos libros descubrí ideas y materiales muy interesantes, que he trasladado por ejemplo en mi Double Concerto (2002), en el que intenté plasmar la idea física de la fuerza de gravedad en la música”, explica.

Destaca además lo mucho que la marcó la correspondencia entre el físico austríaco Wolfgang Pauli, Premio Nobel en 1945, y el psiquiatra suizo Carl Gustav Jung: “Tenían una conexión muy especial. Pauli me parece un personaje fascinante; era un genio como científico, pero a la vez un artista loco, con sueños perturbadores, muchos problemas con las mujeres y con el alcohol y otras drogas. Vivía como una especie de Dr. Jekyll y Mr. Hyde: de día era profesor, de noche, un juerguista en Hamburgo. Su historia y relación con Jung me inspiró para escribir mi última ópera, Die dunkle Seite des Mondes (“El lado oscuro de la luna, estrenada en 2025 en la Ópera de Hamburgo, bajo la dirección de Kent Nagano) que escribí yo misma en alemán. Fue un proceso largo y duro que completé sola”. Otros ejemplos de esta influencia son su concierto para orquesta Spira (2019), cuyo título deriva del concepto de espiral logarítmica apodada spira mirabilis (“la espiral maravillosa”) por el matemático del siglo XVII Jacob Bernoulli, así como Alaraph ‘Ritus des Herzschlags’ (“Alaraph ‘Ritual del latido del corazón”, de 2022), donde explora la idea de fluidez del tiempo.

Una compositora que empuja los límites de lo musicalmente posible

La primera ópera de Unsuk Chin Alice in Wonderland (“Alicia en el país de las maravillas”, de 2007) aúna todas las obsesiones de la artista: parte del sueño de la protagonista para sumar la filosofía y la ciencia al plano onírico, encapsulados en esta obra de la literatura universal. “Hice mi primera ópera hace 20 años. Cuando estudiaba con Ligeti, nos solía hablar de esa obra, que en apariencia tenía un argumento sencillo, de cuento de hadas, pero que en realidad tenía conexiones profundas con muchos campos como las matemáticas. Al principio, dudé si debía transformar en ópera esa obra, porque había rumores de que Ligeti había empezado a hacerlo. Pero tras conseguir algo más de información, supe que, en ese momento, en 2002-2003, había abandonado la idea, ya que estaba muy mayor y enfermo”, relata la compositora.

La obra se estrenó en 2007 en la Ópera de Munich, también bajo la dirección de Kent Nagano, con una puesta en escena diseñada por Achim Freyer. Para Chin, fue una experiencia inigualable, con seis semanas de ensayos. El año que viene, avanza, se adaptará al francés y se representará en Niza. En ella, Chin expande el uso de la voz con técnicas extendidas y contrastes súbitos entre el lirismo y el texto hablado. Aunque ella considera que sus piezas vocales son bastante tradicionales, admite que pueden resultar distintivas por el uso escaso de efectos especiales, algo raro en creadores contemporáneos: “Siempre intento ir más allá de los límites de lo cantable. En una ópera contemporánea se puede hacer de todo, también hablar y emitir sonidos extraños o gritar, todo lo que se le ocurra. Así que esta voz, esta posibilidad, se amplía muchísimo y entonces se puede utilizar todo este amplio espectro”.

Cuando compone, Chin admite entrar en una especie de trance, que empieza en la primera nota y acaba en la última, sin interrupciones. Conocida por llevar al límite a sus intérpretes en sus conciertos para solistas, concuerda que, al igual que ella misma se empuja a ir más allá de sus posibilidades cuando compone, espera un esfuerzo semejante en los músicos: “Soy muy exigente conmigo misma, y espero la misma actitud por parte de los intérpretes, por eso muchos me detestan”. Esta exigencia hacia el propio trabajo parte de los aprendizajes de Ligeti, quien nunca dudaba en ser brutalmente severo al criticar su propio trabajo y el ajeno.

Unsuk Chin aún sigue persiguiendo su propia voz, un objetivo grabado a fuego por su mentor. Lejos de querer encajar en el molde de “la compositora surcoreana” que muchos le impusieron al trasladarse a Europa, lo que a ella le interesaba era encontrar un estilo artístico puramente musical y “cosmopolita”, que trascendiera su lugar de nacimiento o la época en la que le había tocado vivir. Aunque le costó labrarse un camino en el panorama musical alemán, la artista, residente en Berlín, es hoy –tal y como ha subrayado el jurado que le ha concedido el Premio Fronteras del Conocimiento– una voz singular, reconocida y asentada, de la composición universal.

Nominadores

En esta edición se recibieron 46 nominaciones que incluyen un total de 42 candidatos. La compositora premiada fue nominada por Uzong Choe, y Sebastian Claren, ambos catedráticos de Composición en la Universidad Nacional de Seúl (Corea del Sur).

Jurado y Comité Técnico de Música y Ópera

La presidenta del jurado de esta categoría ha sido Gabriela Ortiz Torres, compositora y catedrática de Composición en la Universidad Nacional Autónoma de México, y su secretario, Víctor García de Gomar, director artístico del Gran Teatre del Liceu de Barcelona.

Los vocales del jurado han sido Mauro Bucarelli, coordinador artístico en la Academia Nacional de Santa Cecilia (Italia); Silvia Colasanti, compositora (Italia); Raquel García-Tomás, compositora (España); Pedro Halffter Caro, director de orquesta, compositor (España); Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real (España); Fabián Panisello, director artístico de PluralEnsemble y catedrático de Composición de la Escuela Superior de Música Reina Sofía (España); y Santiago Serrate, director de orquesta y profesor de concertación y técnicas de dirección en la Escuela Superior de Música Reina Sofía (España).

El Comité Técnico de Apoyo del CSIC ha estado coordinado por Elena Cartea, vicepresidenta adjunta de Áreas Científico-Técnicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y por Luis Calvo Calvo, delegado del CSIC en Cataluña y director de la Institución Milá y Fontanals de Investigación en Humanidades (IMF, CSIC); e integrado por David Irving, doctor ICREA en la Institución Milá y Fontanals de Investigación en Humanidades; Luis Antonio González Marín, científico titular en la Institución Milá y Fontanals de Investigación en Humanidades; Mariano Gómez Aranda, investigador científico en el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo (ILC-CCHS, CSIC); y Laura Touriñán Morandeira, doctora contratada en el Instituto de Historia (IH-CCHS, CSIC).

Sobre los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento

La Fundación BBVA tiene como foco principal de sus programas de actividad el fomento de la investigación científica y la creación cultural de excelencia, y su difusión a la sociedad, así como el reconocimiento del talento a través de distintas familias de premios propios y en colaboración con Sociedades Científicas y el CSIC.

Los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, dotados con 400.000 euros en cada una de sus ocho categorías, reconocen e incentivan contribuciones de singular impacto en las ciencias básicas, la biomedicina, las ciencias del medio ambiente y el cambio climático, las tecnologías de la información y la comunicación, las ciencias sociales, la economía, las humanidades y la música. El objetivo de los galardones, desde su creación en 2008, es celebrar y promover el valor del conocimiento como un bien público sin fronteras, que beneficia a toda la humanidad, siendo la mejor herramienta para afrontar los grandes desafíos globales de nuestro tiempo y ampliar la visión del mundo de cada persona. Sus ocho categorías se corresponden con el mapa del conocimiento del siglo XXI.

Un total de 34 galardonados con Premios Fronteras del Conocimiento en las diecisiete ediciones previas han recibido posteriormente el Premio Nobel.

En esta familia de premios la Fundación BBVA cuenta con la colaboración de la principal organización pública española de investigación, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que designa Comités Técnicos de Apoyo, integrados por destacados especialistas del correspondiente ámbito de conocimiento, que llevan a cabo la primera valoración de las candidaturas, elevando al jurado una propuesta razonada de finalistas. El CSIC designa, además, la presidencia de cada uno de los ocho jurados en las ocho categorías de los premios y colabora en la designación de todos sus integrantes, contribuyendo a garantizar la objetividad en el reconocimiento de quienes desarrollan avances particularmente significativos en la ciencia y la música. La Presidencia del CSIC participa también de manera destacada en la ceremonia de entrega de los galardones que cada año se celebra en Bilbao, sede permanente de los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento.