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Premio Fronteras del Conocimiento a Nancy Cartwright por fortalecer la racionalidad científica desde la filosofía y fundamentar la adopción de políticas públicas eficaces basadas en la evidencia

FUNDACIÓN BBVA

El Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en Humanidades ha sido concedido en su XVIII edición a Nancy Cartwright (Universidad de Durham, Reino Unido, y Universidad de California San Diego, Estados Unidos) por sus “contribuciones decisivas” a la filosofía de la ciencia, en palabras del jurado. A lo largo de las últimas cinco décadas, el trabajo pionero de Cartwright ha “tendido un puente entre la filosofía y la práctica real de la ciencia” a través de una innovadora visión de conceptos clave como la causalidad y las leyes de la naturaleza.

22 abril, 2026

La obra de la filósofa galardonada ofrece una innovadora visión de qué es la ciencia y como puede ser aplicada, yendo más allá de algunas influyentes imágenes como la de que la ciencia es la mera combinación de teoría y de experimento, la de que todo el conocimiento científico es reductible a la física y que tanto la ciencia como el mundo natural y social responden a patrones deterministas.

Cartwright ha analizado las teorías y métodos de la investigación en múltiples campos, tanto de las ciencias de la naturaleza como de las ciencias sociales, atendiendo a todos los resultados y cristalizaciones de la ciencia, no solamente a los modelos teóricos y los experimentos. El conjunto plural y diverso de herramientas metodológicas y de construcciones de la ciencia es los que nos permite ir comprendiendo de manera gradual y acotada la compleja realidad del mundo.

El jurado también ha resaltado que su marco filosófico ha analizado los modelos y las herramientas metodológicas de las ciencias sociales, con el objetivo de fundamentar “las decisiones sobre políticas públicas basadas en la evidencia científica”.

El profesor Luis Valdés, catedrático de Filosofía de la Universidad de Oviedo y nominador de la premiada, explica que la profesora Cartwright “ha realizado aportaciones fundamentales para descubrir cómo la ciencia realmente logra los éxitos que alcanza. En oposición a las teorías filosóficas abstractas sobre la ciencia, ha contribuido de manera decisiva a definir cuestiones clave del hacer científico como la causalidad, la objetividad y la evidencia”.

“Este premio reconoce a una figura intelectual que desde la filosofía ha realizado una gran contribución a fortalecer la comprensión de las metodologías de la ciencia, tanto en el campo de las ciencias básicas, como en las ciencias sociales”, destaca Atocha Aliseda, catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México y presidenta del jurado. “El conjunto de su obra ha aportado muchas claves fundamentales para determinar cómo podemos saber que un resultado experimental es confiable, que una estrategia metodológica es la adecuada para el objetivo de cada investigación concreta, y por tanto cómo podemos adoptar las mejores decisiones basadas en la evidencia”.

“Una de las funciones de la filosofía es reflexionar sobre el proceso de adquirir conocimiento. La palabra ciencia deriva del verbo latín scire, que significa saber. La ciencia es el saber. Nancy Cartwright ha analizado de forma pionera, desde una posición práctica, el proceso de conocer algo científicamente, mostrando de manera precisa cómo la ciencia hace avanzar el conocimiento”, resalta por su parte Genoveva Martí, profesora de investigación ICREA en el Departamento de Filosofía de la Universitat de Barcelona y miembro del jurado. “Su trayectoria ejemplifica la confianza en la ciencia y la importancia fundamental de la evidencia para establecer conclusiones en todos los campos de la investigación. Por todo ello, el reconocimiento a Nancy Cartwright con el Premio Fronteras del Conocimiento en Humanidades es especialmente relevante hoy, en un contexto en el que lamentablemente se cuestiona la racionalidad y la evidencia científica”.

Un enfoque innovador para entender y defender la robustez de la ciencia

Cuando era niña, Cartwright se educó en una comunidad presbiteriana en Pensilvania, en la que se vio obligada a aprender desde muy temprano a exponer argumentos racionales sobre cuestiones metafísicas y éticas. “Tuve una educación calvinista, en un entorno muy intelectual, y en nuestra iglesia había muchos debates. Crecí recitando argumentos a favor y en contra de la existencia de Dios, las posibles justificaciones de la existencia del mal, o cuestiones relacionadas con el libre albedrío”, recuerda en una entrevista realizada poco después de conocer la concesión del galardón. Aunque al entrar en la universidad se inscribió en la carrera de matemáticas, la experiencia de aquellos debates metafísicos le llevó a interesarse por las clases de filosofía y acabó decantándose por esta disciplina.

“En parte como consecuencia de mi formación cristiana, tenía inculcados ciertos valores sociales y opinaba que la filosofía no debía ser una actividad ociosa, sino que tenía que ser útil para cambiar el mundo”, añade Cartwright, que inicialmente se especializó en la filosofía de la física. En ese periodo, desarrolló una visión crítica hacia la excesiva importancia atribuida a las leyes universales en este campo: “Trabajé mucho sobre láseres, que se fundamentan en la teoría cuántica, pero me impresionó mucho descubrir que en realidad no los hacían en el departamento de física, sino en el de ingeniería. Y la teoría cuántica era necesaria para hacer muchas de las cosas, pero enseguida se quedaba corta, y se tenía que completar con física clásica, con conocimientos de ingeniería, con conocimientos prácticos… La física es una herramienta de gran éxito, que sabemos utilizar con acierto, y que describe cosas que existen, pero pensar que existe una afirmación universal correctamente formulada, y que todo lo que hacemos se ajusta a ella, es simplemente una quimera”.

Otra experiencia que le llevó a adoptar esta posición fue que, cuando participó en la década de los 70 como observadora en el desarrollo de la misión Gravity Probe en Stanford, en la que se lanzaron cuatro giroscopios al espacio para poner a prueba la teoría general de la relatividad, “la información resultante no se podía encajar en ninguna de esas leyes existentes, aunque todas ellas desempeñaron un pequeño papel”. En 1983, publicó How the Laws of Physics Lie (Cómo mienten las leyes de la Física) –un libro, admite la premiada, de título provocador–, en el que sostiene que las leyes fundamentales de la física, a menudo consideradas como las más profundas descripciones de la realidad, son sin embargo idealizaciones que solo contienen la verdad de modelos altamente controlados y simplificados.

“Por lo general, solo se aplican estas leyes en una determinada fase del proceso de investigación, y luego recurrimos a otra cosa, y después a otro fragmento de conocimiento”, argumenta Cartwright, para poder así caracterizar de forma precisa el comportamiento de las cosas en el mundo real.

Esta visión contrastaba con el ideal que consideraba las leyes de la física como universales y absolutas. En su libro The Dappled World: A Study of the Boundaries of Science (El mundo parcheado: un estudio sobre los límites de la ciencia), de 1999, Cartwright propuso una alternativa a la idea de una supuesta Teoría del Todo, única y unificada, que integraría y explicaría todas las fuerzas de la naturaleza. En vez de un universo regido por leyes elegantes y globales de aplicación universal, Cartwright defiende una realidad “parcheada”, compuesta por distintos ámbitos o disciplinas, cada uno con sus conjuntos de leyes localmente aplicables y sus estructuras causales. Frente a la postura del reduccionismo físico –la idea de que todo el conocimiento científico es reductible a la física–, esta visión “troceada” de la realidad sugiere que las ciencias como la biología o la economía no son meramente reducibles a la física, sino que poseen principios propios y autónomos.

A través de estos análisis, el objetivo de Cartwright ha sido aportar desde la filosofía una visión más precisa y eficaz de la práctica y resultados de la ciencia. Para ello, su obra se ha centrado en explorar hasta qué punto las teorías y conceptos científicos se adecúan al mundo real en el que vivimos, cómo se practica la investigación científica en contextos concretos, y cómo los resultados científicos pueden servir para adoptar decisiones basadas en la evidencia. Cartwright considera que los argumentos rigurosos requieren diversos tipos de pruebas, procedentes de una amplia variedad de disciplinas, para respaldar los distintos tipos de afirmaciones que figuran en sus premisas.

La expansión de una visión filosófica pionera a las ciencias sociales

Además de producir un trabajo que integra y hace avanzar el pensamiento filosófico sobre la física y las ciencias de la naturaleza, Cartwright ha sido pionera al expandir su visión al ámbito de las ciencias sociales, cuando en 1991 le ofrecieron la cátedra Popper en la London School of Economics. Desde entonces, Cartwright ha centrado su actividad en desarrollar modelos y metodologías que puedan servir de base a la adopción de políticas públicas basadas en evidencia.

Una de sus principales contribuciones a este campo ha sido demostrar que las humanidades pueden producir un conocimiento crucial para abordar problemas prácticos apremiantes junto con el conocimiento empírico producido por los científicos sociales: “Soy una gran defensora de la interdisciplinariedad y he contribuido a impulsar una mayor cooperación interdisciplinaria. Por ejemplo, me encanta la economía y existen maravillosos modelos económicos muy precisos, pero el mundo real es mucho más complejo que lo que pretenden esos modelos. Las lecciones económicas de estos modelos son muy útiles, pero deben combinarse de alguna manera —tal como ocurre con la física— con otros conocimientos”.

Este enfoque práctico también se incluye en uno de sus principales proyectos de investigación: Knowledge for Use: Making the Most of the Social Sciences to Build Better Policies, una colaboración interdisciplinaria entre académicos y profesionales financiada por el Consejo Europeo de Investigación entre 2015 y 2021. “Tuve la ocasión de trabajar con un equipo interdisciplinar para observar varias políticas en el área metropolitana de Mánchester: programas de protección infantil, programas educativos, programas de ayuda a la inserción laboral… Creo que hicimos muchas sugerencias útiles sobre cómo implementar la filosofía para usar nuestro conocimiento científico mejor y llegar a un conocimiento más fructífero, integrando el conocimiento local y experimental”, comenta la filósofa, que considera este proyecto como uno de los mayores casos de éxito de su carrera.

Cartwright defiende un punto de vista pluralista de la ciencia y la causalidad, que tiene en cuenta distintas disciplinas y perspectivas metodológicas, con el objetivo de determinar cuál es exactamente la afirmación causal que respaldan las pruebas: “Me preocupa que ‘causa’ es una palabra muy amplia, muy abstracta, y la usamos de muchas formas diferentes. Y lo que realmente me importa es que el uso que quieras darle a esa etiqueta esté respaldado por las pruebas que te permiten aplicarla”.

En definitiva, sus análisis en el campo de las ciencias sociales han proporcionado una visión más compleja de la causalidad en el mundo social que sirva a su vez para optimizar la toma de decisiones sobre políticas públicas basada en la mejor evidencia posible.

Biografía de la premiada

Nancy Cartwright (New Castle, Pensilvania, Estados Unidos, 1944) se licenció en Matemáticas en la Universidad de Pittsburgh y se doctoró en Filosofía en la Universidad de Illinois con la tesis “Análisis filosófico del concepto de mezcla en la mecánica cuántica”. Su trayectoria académica le llevó sucesivamente a las universidades de Maryland y Stanford y a la London School of Economics, donde formó parte del equipo fundador y más tarde dirigió el Centro de Filosofía de la Ciencia Natural y Social. Hoy es catedrática en el Departamento de Filosofía de la Universidad de Durham (Reino Unido) y Distinguished Professor en el Departamento de Filosofía de la Universidad de California en San Diego (Estados Unidos). En el curso académico 2025-2026 es Centenary Visiting Professor en Filosofía, Política y Economía en la Universidad de Oxford.  Además, ejerce como codirectora del Centro de Humanidades, Ciencia y Sociedad de la Universidad de Durham, Honorary Distinguished Professor en la Universidad Nacional Tsing Hua (Taiwán), investigadora asociada en el Instituto para el Futuro del Conocimiento de la Universidad de Johannesburgo (Sudáfrica) e investigadora asociada sénior en el Departamento de Filosofía de esa misma institución. Es autora o directora de 17 libros (el último de los cuales, Causal Processes and their Warrant se publicará el próximo 14 de mayo) y de más de 200 artículos y capítulos. Forma o ha formado parte del consejo editorial de veinticinco revistas especializadas del más alto nivel, entre las que figuran Philosophy of Science, el Journal of Evaluation in Clinical Practice y el Journal of Economic Methodology.

Nominadores

En esta edición se recibieron 41 nominaciones que incluyen un total de 31 candidatos. La investigadora premiada fue nominada por Nick Cowen, Associate Professor en la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad de Lincoln (Reino Unido); Kathryn Joyce, directora del Programa Discurso Civil para la Ciudadanía en el Centro de Ética y Valores Humanos de la Universidad Estatal de Ohio (Estados Unidos); y Luis Manuel Valdés Villanueva, catedrático emérito de Lógica y Filosofía de la Ciencia de la Universidad de Oviedo (España).

Jurado y Comité Técnico de Humanidades

La presidenta del jurado de esta categoría ha sido Atocha Aliseda, catedrática de Lógica y Filosofía de la Ciencia en el Instituto de Investigaciones Filosóficas de la Universidad Nacional Autónoma de México (México), y su secretaria, Carmen Sanz Ayán, catedrática de Historia Moderna en la Universidad Complutense de Madrid (España).

Los vocales del jurado han sido José María Fernández Cardo, catedrático emérito de Filología Francesa en la Universidad de Oviedo (España); Genoveva Martí, profesora de investigación ICREA en el Departamento de Filosofía de la Universitat de Barcelona (España); José Manuel Sánchez Ron, catedrático emérito de Historia de la Ciencia en el Departamento de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid (España) y académico de la Real Academia Española; y Darío Villanueva, profesor emérito de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidade de Santiago de Compostela (España) y académico de la Real Academia Española.

El Comité Técnico de Apoyo del CSIC ha estado coordinado por Elena Cartea, vicepresidenta adjunta de Áreas Científico-Técnicas del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), y por Ana María Crespo Solana, coordinadora adjunta del Área Global Sociedad e investigadora científica en el Instituto de Historia (IH-CCHS, CSIC); e integrado por Elea Giménez Toledo, científica titular en el Instituto de Lengua, Literatura y Antropología (ILLA-CCHS, CSIC); Elías López-Romero González de la Aleja, científico titular en el Instituto de Arqueología de Mérida (IAM, CSIC); Daniel Riaño Rufilanchas, científico titular en el Instituto de Lenguas y Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo (ILC-CCHS, CSIC); y Astrid Wagner, científica titular en el Instituto de Filosofía (IFS-CCHS, CSIC).

Sobre los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento

La Fundación BBVA tiene como foco principal de sus programas de actividad el fomento de la investigación científica y la creación cultural de excelencia, y su difusión a la sociedad, así como el reconocimiento del talento a través de distintas familias de premios propios y en colaboración con Sociedades Científicas y el CSIC.

Los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, dotados con 400.000 euros en cada una de sus ocho categorías, reconocen e incentivan contribuciones de singular impacto en las ciencias básicas, la biomedicina, las ciencias del medio ambiente y el cambio climático, las tecnologías de la información y la comunicación, las ciencias sociales, la economía, las humanidades y la música. El objetivo de los galardones, desde su creación en 2008, es celebrar y promover el valor del conocimiento como un bien público sin fronteras, que beneficia a toda la humanidad, siendo la mejor herramienta para afrontar los grandes desafíos globales de nuestro tiempo y ampliar la visión del mundo de cada persona. Sus ocho categorías se corresponden con el mapa del conocimiento del siglo XXI.

Un total de 34 galardonados con Premios Fronteras del Conocimiento en las diecisiete ediciones previas han recibido posteriormente el Premio Nobel.

En esta familia de premios la Fundación BBVA cuenta con la colaboración de la principal organización pública española de investigación, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que designa Comités Técnicos de Apoyo, integrados por destacados especialistas del correspondiente ámbito de conocimiento, que llevan a cabo la primera valoración de las candidaturas, elevando al jurado una propuesta razonada de finalistas. El CSIC designa, además, la presidencia de cada uno de los ocho jurados en las ocho categorías de los premios y colabora en la designación de todos sus integrantes, contribuyendo a garantizar la objetividad en el reconocimiento de quienes desarrollan avances particularmente significativos en la ciencia y la música. La Presidencia del CSIC participa también de manera destacada en la ceremonia de entrega de los galardones que cada año se celebra en Bilbao, sede permanente de los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento.