BIOGRAFÍA
Michel Sadelain (París, Francia, 1960), de nacionalidad francocanadiense, se licenció en Medicina en la Universidad de París (1984), se doctoró en Inmunología en la Universidad de Alberta (Canadá) en 1989 y posteriormente realizó investigación posdoctoral en el Instituto Whitehead de Investigación Biomédica del Instituto Tecnológico de Massachusetts (Estados Unidos). En 1994 se incorporó al Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York, donde fue titular de la Cátedra Stephen and Barbara Friedman, director fundador del Centro de Ingeniería Celular y jefe del Laboratorio de Transferencia Genética y Expresión Genética. En 2024 se trasladó a la Universidad de Columbia, también en Nueva York, donde es titular de la Cátedra Herbert and Florence Irving de Medicina, director de la Iniciativa Columbia en Ingeniería y Terapia Celular, así como director de la Iniciativa de Terapia Celular en Cáncer del Centro Integral del Cáncer Herbert Irving. Ha presidido la Sociedad Americana de Terapia Celular y Genética y ha sido miembro del Comité Asesor en ADN Recombinante de los Institutos Nacionales de la Salud. Autor de más 280 artículos científicos, su investigación se ha traducido en más de 60 patentes.
CONTRIBUCIÓN
“Tenemos la suerte de contar con un maravilloso sistema inmunitario que nos protege de invasores como virus, parásitos o bacterias. Pero cuando se trata del cáncer, nuestro sistema inmunitario no siempre está preparado para afrontar ese reto”, explica Michel Sadelain. Por ello, a principios de los noventa, el investigador francocanadiense –entonces en el Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York– empezó a explorar la posibilidad de “ayudar a nuestro sistema inmunitario a combatir tumores mediante la ingeniería genética, enseñando a los linfocitos T a reconocer células cancerosas para eliminarlas”.
Construyendo sobre los hallazgos de los primeros receptores de antígeno quimérico (CAR, por las siglas en inglés de chimeric antigen receptors) que el investigador israelí Zelig Eshhar (fallecido en 2025) había propuesto en 1993, Sadelain lideró el desarrollo de esta técnica para que fuera viable. Aunque Eshhar había desarrollado una primera generación (1G) de CAR –proteínas sintéticas diseñadas en el laboratorio que se añaden a los linfocitos T a través de su modificación genética–, estas células 1G no sobrevivían en ningún organismo.
Casi una década después, en 2002, Sadelain fue capaz de modificarlas y con su equipo logró crear las células CAR-T de segunda generación (2G), capaces de sobrevivir, proliferar y destruir células cancerosas in vitro en el laboratorio, lo que demostró la viabilidad de producir respuestas inmunitarias específicas y genéticamente programadas. “Cuando introducimos un CAR en un linfocito T”, señala Sadelain, “comprobamos que ésta adquiere la capacidad de reconocer las células tumorales y procede a destruirlas”.
Un año después, en 2003, Sadelain y sus colaboradores publicaron en Nature Medicine la primera demostración experimental de que las células CAR-T dirigidas contra una proteína denominada CD19 – expresada en las células cancerosas de leucemias y linfomas – podían erradicar estas células malignas en ratones.
Hasta el momento, las células CAR-T no han demostrado la misma eficacia en tumores sólidos como los de mama, colon, páncreas o pulmón, que la que ya se ha alcanzado en enfermos con cánceres de sangre, y este es el siguiente gran reto en el campo de la inmunoterapia basada en la ingeniería genética impulsado por los dos científicos galardonados.
“Si se aplica la misma receta para el tratamiento de tumores sólidos, las células CAR-T no funcionan tan bien como en la leucemia y el linfoma”, admite Sadelain. “Pero en la actualidad ya estamos empezando a comprender las barreras adicionales que hay que superar en el contexto de los tumores sólidos. Entre ellas, se encuentran la selección de dianas terapéuticas y la composición de estos cánceres, que son diferentes de las leucemias y los linfomas”.
Además, tal y como ha destacado el acta del jurado, el potencial de las células CAR-T no se limita únicamente al tratamiento del cáncer, sino que también pueden resultar eficaces para el abordaje de trastornos autoinmunes y enfermedades infecciosas.
Sadelain señala que cuando se identificó la molécula CD19 como diana para las terapias con CAR-T contra el cáncer de sangre, “sabíamos que un efecto secundario sería eliminar no solo las leucemias o los linfomas, sino también células B normales, es decir, las células que producen anticuerpos”. Normalmente, los anticuerpos realizan una función imprescindible al protegernos contra las infecciones y otras enfermedades, pero a veces provocan un efecto negativo, ya que atacan nuestros propios tejidos. Esto es precisamente lo que les ocurre a los pacientes que sufren enfermedades autoinmunes como el lupus, y en los últimos años se está comprobando que las células CAR-T diseñadas para actuar contra la misma molécula CD19 que sirve de diana contra la leucemia, puede servir también frente a este trastorno.
“Sorprendentemente, y de forma maravillosa”, resalta Sadelain, “se han logrado de manera inmediata muy buenos resultados en los pacientes de lupus. Esto ha dado lugar a una oleada de nuevos estudios clínicos en el ámbito de la reumatología y la neurología”, para intentar controlar las enfermedades autoinmunes como la artritis y la esclerosis múltiple mediante el uso de células CAR-T.
“La contribución de June y Sadelain ha supuesto un auténtico cambio de paradigma en la medicina moderna gracias al desarrollo de la inmunoterapia con células CAR‑T. Su trabajo ha transformado profundamente los campos de la oncología y la inmunología, hasta el punto de ser considerados los padres del primer ‘medicamento vivo’ de la historia de la medicina. A diferencia de los fármacos tradicionales, que se metabolizan con el tiempo y requieren dosis repetidas, las células CAR‑T actúan como fármacos vivos: son células del propio paciente que, tras ser modificadas genéticamente para dotarlas de la capacidad de reconocer y destruir de forma específica a las células tumorales, pueden persistir y funcionar en el organismo durante años. De este modo, una sola infusión puede proporcionar una protección duradera. La ingeniería genética aporta un nivel de precisión que la quimioterapia no puede alcanzar. Mientras esta última actúa de manera poco selectiva, las células CAR‑T atacan exclusivamente a las células diana y respetan el tejido sano”, asevera otro de los nominadores de los premiados, Antonio Pérez-Martínez, Jefe de Servicio de Hemato-Oncología Pediátrica del Hospital Universitario La Paz de Madrid.
