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El galardón conocido como el "Nobel de la Informática"

Premio Turing para Charles Bennett y Gilles Brassard, galardonados en 2020 con el Premio Fronteras del Conocimiento en Ciencias Básicas

Charles H. Bennett y Gilles Brassard han sido galardonados con el Premio ACM A.M. Turing 2025, conocido como el “Nobel de la Informática”, por sus contribuciones fundamentales a la ciencia de la información cuántica y a la transformación de las comunicaciones seguras. Ambos investigadores fueron galardonados previamente en 2020 con el Premio Fronteras del Conocimiento en Ciencias Básicas, junto con Peter Shor, por su papel fundamental en el desarrollo de la computación y la criptografía cuántica.

26 marzo, 2026

Perfil

Charles Bennett

Perfil

Gilles Brassard

Bennet y Brassard, físico e informático respectivamente, inventaron en los años ochenta la criptografía cuántica, que garantiza la inviolabilidad física de las comunicaciones. La importancia de su trabajo se hizo patente cuando diez años más tarde el matemático Peter Shor descubrió que un hipotético ordenador cuántico convertiría en inservible los sistemas de criptografía convencional en los que se basan la seguridad y la privacidad de las comunicaciones actuales en internet.

Cuando Bennett, investigador en IBM Research desde hace más de cuatro décadas, y Brassard, catedrático en Ciencia de la Información Cuántica en la Universidad de Montreal, empezaron a colaborar, en 1979, la física cuántica y la computación eran campos de trabajo distantes entre sí, y la investigación en la relación entre ambos se consideraba marginal. Para 1983, no obstante, Bennett y Brassard habían dado con un resultado muy llamativo: un sistema de criptografía que permite codificar y transmitir mensajes usando las leyes de la física cuántica de manera que impide la escucha de terceros incluso si dispusieran de recursos computacionales cuánticos.

Para crear la criptografía cuántica, Bennett y Brassard aprovecharon uno de los extraños fenómenos que se dan en el mundo cuántico, la superposición, que –dicho de manera simplificada– hace posible que una partícula esté en dos o más lugares a la vez. La teoría cuántica prevé que si alguien observa la partícula esta duplicidad desaparece, y la partícula aparece en una posición o en la otra. Si esta partícula estuviera siendo transmitida, cualquier intento de hackeo rompería la superposición y los interlocutores lo sabrían.

Bennett y Brassard presentaron esta invención en un trabajo hoy conocido simplemente como BB84, por las iniciales de sus autores y el año de publicación. Se reconoce hoy como la primera aplicación práctica de la ciencia de la información cuántica.

“La información cuántica es un tipo de información que se altera si alguien la observa, y no puede ser copiada. Gilles Brassard y yo nos dimos cuenta de que podía tener una utilidad práctica: un sistema para enviar mensajes, en el que el emisor y el receptor advertirían de inmediato si alguien hubiera escuchado el mensaje durante su transmisión. Eso es en esencia la criptografía cuántica”, explicó Bennett en una entrevista concedida tras recibir el Premio Fronteras del Conocimiento.

La importancia de BB84 no fue reconocida por la comunidad de manera inmediata. Las técnicas criptográficas en uso, que garantizan la seguridad de todas nuestras comunicaciones y transacciones en internet, están basadas en el hecho de que hay problemas matemáticos que los ordenadores no pueden resolver, y a mediados de los ochenta nada hacía suponer que dejaría de ser así. Pero una década más tarde la situación cambiaría, cuando Peter Shor descubrió que precisamente el problema irresoluble en que se basa la criptografía clásica, la factorización de grandes números, sí estaría al alcance de un hipotético ordenador cuántico.

En palabras de Bennett, “cuando Shor descubrió que si se construyera un ordenador cuántico sería capaz de derrotar a los actuales sistemas criptográficos, esto estimuló mucho la investigación, ya que los criptógrafos querían desarrollar sistemas más seguros que ni siquiera un ordenador cuántico pudiera romper. Y al mismo tiempo, empezó a interesar la idea de desarrollar ordenadores cuánticos para averiguar qué utilidad podrían tener, aparte de descifrar códigos”.

La criptografía cuántica es actualmente una de las tecnologías cuánticas más avanzadas, con varias empresas en Europa y Estados Unidos. En China existe ya una conexión entre Beijing y Shanghai que empieza a usarse para aplicaciones comerciales, y en 2016 China lanzó un satélite para establecer un enlace experimental con Europa.

“El siglo XIX fue la era de la máquina de vapor, el siglo XX fue la era de la Información y el siglo XXI será recordado como la Era Cuántica, la era en la que las tecnologías cuánticas desencadenarán todos los principales cambios que veremos en la sociedad, de una manera que hoy no podemos prever”, asegura Brassard.