Los Premios Fronteras del Conocimiento celebran el poder transformador y unificador de la ciencia y las artes
La ceremonia de la XVIII edición de los Premios Fronteras del Conocimiento ha celebrado “el poder transformador de la ciencia y la cultura para ampliar las posibilidades de progreso en un mundo marcado por la complejidad y la incertidumbre”. Así lo ha resaltado el presidente de la Fundación BBVA y el Grupo BBVA, Carlos Torres Vila, durante el acto celebrado en Euskalduna Bilbao, que ha reconocido a 10 personalidades y dos instituciones a la vanguardia de la investigación científica y creación artística.
18 junio, 2026
“Las tensiones geopolíticas, los desafíos medioambientales, la polarización social y la expansión de corrientes de desinformación están transformando nuestras sociedades”, ha señalado Torres Vila. “Ante esta realidad, los valores que hoy celebramos son más necesarios que nunca. Celebramos la curiosidad frente al conformismo. El rigor frente a la simplificación. La evidencia frente al prejuicio. La cooperación frente a la fragmentación. Y la creatividad como fuerza capaz de abrir nuevas posibilidades para el futuro. Los galardonados de esta XVIII edición nos recuerdan algo esencial: que el progreso no nace de las certezas previas. Nace de la curiosidad, de la voluntad de explorar lo desconocido, de cuestionar lo que creemos saber y de perseverar en la búsqueda de respuestas”.
La ceremonia, presidida por el presidente de la Fundación BBVA y la presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Eloísa del Pino, ha contado con una intervención inaugural del alcalde de Bilbao, Juan Mari Aburto, y ha sido clausurada por el Lehendakari del Gobierno Vasco, Imanol Pradales.
La presidenta del CSIC ha resaltado en su discurso el valor de “la curiosidad como motor de la ciencia” que celebran los Premios Fronteras del Conocimiento y ha reivindicado “la necesidad de proteger la libertad de ser curioso” frente a amenazas del mundo actual como “una cultura de la inmediatez que privilegia respuestas rápidas sobre la investigación pausada”, el “riesgo para nuestra capacidad de pensar” que representa la Inteligencia Artificial “si no nos educamos en su uso”, y “experiencias de censura y estrangulamiento financiero de la ciencia a las que asistimos en los últimos años, incluso en Occidente”.
Por su parte, el Lehendakari ha felicitado a los premiados por “su excelente contribución al progreso de la humanidad”. En este sentido, Imanol Pradales ha recordado que “gracias al trabajo de estas personas galardonadas, hoy en día es posible tener un mundo más cohesionado y mejor dotado para afrontar los retos del futuro”. Trabajo que conecta, además, con los pilares sobre los que se sostiene el pueblo vasco. “Para nosotros, el pueblo vasco, la ciencia, la filosofía y las artes son pilares del humanismo y de un modelo de sociedad que pone a las personas en el centro”, ha concluido el Lehendakari.
En la ceremonia también ha participado una nutrida representación de los jurados internacionales de las ocho categorías de los premios, procedentes de algunas de las principales universidades de Europa y Norteamérica. Entre los más de 1.000 asistentes se encontraban destacados investigadores, representantes del mundo académico, artistas, autoridades de política científica y de sociedades científicas, así como directivos del mundo económico y destacados representantes de los medios de comunicación.
El “truco asombroso” que permite transformar el comportamiento de nuevos materiales
“La investigación fundamental es como una expedición a la montaña”, ha afirmado Allan Mac Donald, galardonado junto con Pablo Jarillo-Herrero en Ciencias Básicas. “Uno sube a un alto porque siente curiosidad por saber qué se ve desde allá arriba. Solo después se da cuenta de que la vista le ha revelado un valle, un río y, tal vez, un camino cuya existencia nadie conocía”. Por ello, el catedrático de Física de la Universidad de Texas en Austin ha resaltado la importancia de reconocimientos como el otorgado por la Fundación BBVA en esta categoría: “Reafirman el valor de las preguntas fundamentales, aun cuando su destino práctico todavía no es visible”.
MacDonald y Jarillo son los pioneros que lograron tanto la fundamentación teórica como la comprobación experimental de un nuevo campo, hoy conocido como twistrónica, que permite transformar y controlar el comportamiento de nuevos materiales. En 2011, MacDonald predijo en un modelo teórico que, al rotar dos capas de grafeno a un determinado ángulo, del orden de un grado, la interacción entre electrones daría lugar a propiedades emergentes. Siete años después, Pablo Jarillo-Herrero – titular de la Cátedra de Física Cecil e Ida Green en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)– lideró la demostración experimental del efecto de este denominado ángulo mágico mediante la rotación de dos capas de grafeno que transformaron su comportamiento, generando nuevas propiedades como la superconductividad.
“Durante siglos”, ha explicado MacDonald, “el descubrimiento de materiales consistió sobre todo en explorar el mundo natural y sintetizar compuestos, con la esperanza de hallar propiedades útiles”. Sin embargo, gracias al “asombroso truco nuevo” del ángulo mágico, hoy es posible “diseñar el comportamiento cuántico de nuevos materiales apilando, rotando y ajustando capas de unos pocos átomos de grosor”.
“En la Edad Media”, ha señalado por su parte Jarillo-Herrero, “los alquimistas buscaban la piedra filosofal, que convirtiera en oro todo lo que tocara. El grafeno de ángulo mágico se parece un poco a eso, salvo que es como una piedra filosofal a la inversa. Con el grafeno de ángulo mágico, cogemos un solo material y hacemos que se comporte como muchos otros materiales”.
Por todo ello, el físico español ha reivindicado la importancia de la investigación en ciencia básica que reconoce este premio: “La ciencia básica rara vez tiene aplicaciones inmediatas, pero la historia demuestra que el conocimiento profundo y los cambios paradigmáticos que genera suelen llevar a revoluciones tecnológicas transformadoras, con importantes consecuencias sociales y económicas para la humanidad. Cuando los físicos descubrieron el láser, nadie pensaba que se convertiría en la base de las comunicaciones ópticas o que se utilizaría para operar cataratas. Cuando los físicos inventaron los relojes atómicos, nadie imaginaba que serían cruciales para la navegación por GPS. La investigación motivada por la curiosidad da frutos a largo plazo, y necesitamos que la sociedad, los políticos, los filántropos y el sector privado la apoyen”.
El algoritmo que preserva la seguridad y privacidad en la sociedad digital del siglo XXI
El algoritmo concebido por Joan Daemen y Vincent Rijmen —bautizado como Rinjdael, una fusión de sus dos apellidos— es desde hace 25 años el escudo robusto que preserva la privacidad y seguridad de nuestra sociedad digital. En 1997, los galardonados en la categoría de Tecnologías de la Información y la Comunicación crearon el sistema criptográfico que pocos años después —2001, en EEUU, y 2005, a escala internacional— se convirtió en el estándar de referencia utilizado para proteger los dispositivos electrónicos y conexiones digitales en todo el mundo frente a las amenazas de los hackers.
“Hoy se usa para proteger sitios web, pagos electrónicos, discos duros, teléfonos móviles, hogares inteligentes y muchos otros sistemas presentes en nuestra vida cotidiana”, ha resaltado en su discurso Daemen catedrático de Criptografía Simétrica en la Universidad Radboud (Nimega, Países Bajos).
La criptografía “fue durante milenios un arte reservado a gobernantes, ejércitos y diplomáticos”, ha recordado por su parte Rijmen, catedrático de Criptología Aplicada en KU Leuven (Bélgica), y de hecho “la investigación académica abierta sobre ideas criptográficas era desalentada o incluso obstaculizada activamente”. Sin embargo, la irrupción de internet cambió este panorama profundamente: “Los pagos en línea, los servicios de administración electrónica y, posteriormente, las redes sociales hicieron que las comunicaciones seguras se volvieran indispensables”.
En este contexto, ha recalcado Rijmen, “la seguridad no puede basarse en secretos industriales” y “su único fundamento sostenible es la criptología”. Por ello, la sociedad digital del siglo XXI “ha fomentado una vibrante cultura de investigación abierta en criptología y ciberseguridad” en la que el progreso “surge de un proceso disciplinado de prueba y error dentro de la comunidad académica: se proponen cifrados, se analizan, se vulneran, se corrigen y se vuelven a vulnerar. Cada ataque aporta nuevos conocimientos y principios de diseño, lo que conduce a sistemas criptográficos cada vez más robustos”.
Cuando ambos galardonados comenzaron a trabajar en la década de los 90 en la criptografía y dedicaron sus tesis doctorales al desarrollo de nuevos algoritmos en este campo, Daemen ha recordado cómo “la comunidad criptográfica estaba todavía muy lejos de disponer de cifrados realmente sólidos”. Después de 20 años de uso, el algoritmo denominado Data Encryption Standard o DES, promovido por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST) —el organismo que regula la ciberserguridad en EEUU— se estaba volviendo demasiado inseguro como para seguir cumpliendo su función. El NIST convocó un concurso para buscar un algoritmo más eficaz y Rinjdael resultó el vencedor, convirtiéndose en el denominado Estándar de Cifrado Avanzado (Advanced Encryption Standard o AES).
“Nuestra invención supuso un paso decisivo en la evolución de la criptología”, ha concluido Daemen. “Durante los 25 años transcurridos desde que el NIST lo estandarizó como AES, no se ha publicado ningún ataque práctico contra él y, con el paso de los años se ha convertido en el cifrado que inspira mayor confianza en todo el mundo. Consideramos esto un triunfo de la investigación abierta. Es la investigación abierta, las pruebas rigurosas y el apoyo público lo que mantienen seguras nuestras vidas digitales”.
Los “medicamentos vivos” que han revolucionado el tratamiento del cáncer
“Un cambio profundo en la manera en que la humanidad combate las enfermedades: el nacimiento de la medicina celular”. Así ha definido Carl June, galardonado junto a Michel Sadelain en la categoría de Biomedicina, la revolución terapéutica contra el cáncer que han supuesto las inmunoterapias basadas en las llamadas células CAR-T, descubiertas y desarrolladas por ambos investigadores. Estos “medicamentos vivos”, tal y como los ha definido Sadelain, son células extraídas del propio paciente y modificadas genéticamente en el laboratorio para que sean capaces de identificar, localizar y destruir los tumores con una precisión extraordinaria.
“Durante más de un siglo, las herramientas de la oncología fueron la cirugía, la radioterapia y la quimioterapia”, ha recordado June, titular de la Cátedra Richard W. Vague en Inmunoterapia en la Universidad de Pensilvania. “Aunque eficaces, a menudo son instrumentos poco precisos. Nuestro enfoque buscó aprovechar un arma mucho más sofisticada que ya reside en nuestro interior: el sistema inmunitario humano”.
Fue hace ya cuatro décadas cuando Sadelain –titular de la Cátedra Herbert and Florence Irving de Medicina en la Universidad de Columbia– empezó a imaginar, en sus propias palabras, “cómo podríamos enseñar a unas células fundamentales de nuestro sistema inmunitario, llamadas células T, a realizar cualquier tarea que les asignáramos, como destruir células cancerosas”. Tras desarrollar tecnologías diseñadas para introducir genes en las células T de los pacientes y diseñar receptores compuestos que guiaran a estas células en la ejecución de su misión, en 2003 Sadelain demostró por primera vez “que podíamos tratar eficazmente diversos tipos de leucemias y linfomas en ratones mediante células T humanas modificadas genéticamente”.
Seis años después de este éxito experimental en un modelo animal, June ha relatado cómo los primeros ensayos clínicos que lideró en 2009 con enfermos que padecían leucemia avanzada superaron por completo sus expectativas: “Pacientes que ya no tenían alternativas terapéuticas entraron en remisiones completas y duraderas. Hoy, decenas de miles de personas en todo el mundo, incluidos muchos niños, han salvado la vida gracias a esta tecnología”.
June también ha querido resaltar “el notable papel que España ha desempeñado en la implantación global de esta tecnología”. A través de “inspiradoras colaboraciones académicas con instituciones como el Hospital Clínic de Barcelona”, la comunidad científica española “ha sido pionera en facilitar un acceso asequible a las terapias CAR-T desde el sector público, estableciendo un ejemplo internacional de medicina traslacional para todo el mundo”.
Sadelain, por su parte, ha resaltado como el ámbito de potenciales aplicaciones de esta estrategia terapéutica “está creciendo rápidamente más allá de los cánceres hematológicos”, no solo para abordar “el desafío de los tumores sólidos”, sino también para combatir otras enfermedades: “Las células CAR-T muestran resultados muy prometedores en reumatología, neurología y en la superación de barreras asociadas a los trasplantes. También podrían aprovecharse para tratar infecciones difíciles de abordar, enfermedades neurodegenerativas y patologías relacionadas con el envejecimiento celular y la fibrosis. La llegada de las células CAR-T abre el camino a muchos más descubrimientos y aplicaciones que aún están por venir”.
El cambio climático en los océanos: un reto que exige “un esfuerzo necesariamente global”
El calentamiento global “es real y está poniendo en grave peligro tanto a la civilización como al medio ambiente en sentido amplio”, ha advertido Carl Wunsch, galardonado en la categoría de Cambio Climático y Ciencias del Medio Ambiente. Gracias a su liderazgo científico, la investigación oceanográfica ha dado un paso de gigante al cuantificar por primera vez con precisión el aumento de temperaturas y la acumulación de energía térmica vinculadas a la emisión de gases de efecto invernadero en los océanos de todo el planeta. “Represento los logros de un esfuerzo necesariamente global e internacional en los ámbitos de la ciencia, la ingeniería y la tecnología que se ha extendido a lo largo de muchas décadas”, ha resaltado el catedrático emérito de Oceanografía Física en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT).
El profesor Wunsch ha recordado cómo hace ya cinco décadas, en 1975 “quedó claro para gran parte de la comunidad científica que la continua acumulación de CO₂ generaría una atmósfera mucho más energética: una atmósfera que, como un péndulo al que se aporta energía, daría lugar a fenómenos más extremos, olas de calor y de frío, sequías e inundaciones, enormes aumentos del nivel del mar y otros cambios de una magnitud que excede la experiencia humana”.
Sin embargo, en aquella época el impacto del calentamiento global en los océanos planteaba preguntas fundamentales que hasta entonces habían sido “imposibles de responder” con las tecnologías disponibles. Eran tiempos en los que el barco seguía siendo “la principal plataforma de trabajo de los oceanógrafos”, con un alto coste y muy baja eficiencia. De hecho, como ha rememorado Wunsch, “amplias zonas del océano nunca habían sido observadas”, hasta el punto de que “se desconocía su estado real y si estaba cambiando o no”.
Esta situación se resolvió gracias a la visión pionera del galardonado, quien lideró la creación de un programa global de observación oceánica basado en la transformación tecnológica que supusieron avances como la observación del mar desde el espacio mediante satélites, el desarrollo de nuevos instrumentos de medición in situ, como los vehículos robóticos, y potentes sistemas informáticos capaces de procesar los grandes volúmenes de datos recopilados en los océanos de todo el planeta: “Un sistema que integró la física de la temperatura, la salinidad y las corrientes; la química, incluidos los nutrientes y el oxígeno; y la biología en todas sus escalas. Todo ello gracias al trabajo de miles de científicos e ingenieros, universidades, laboratorios públicos y privados, agencias gubernamentales e intergubernamentales y muchas otras instituciones”, ha resaltado Wunsch.
Tras cinco décadas de investigaciones, el galardonado ha enfatizado la conclusión clara que se deriva del trabajo de los científicos y exige una respuesta de la comunidad internacional: “El cambio está ocurriendo en todas las regiones del océano” y constituye “una preocupación seria para nuestros hijos, nuestros nietos y las generaciones futuras”. El desafío que tenemos por delante, ha concluido Wunsch, consiste en “documentar y comprender estos riesgos”, ya que solo así podremos “prepararnos para afrontarlos”.
Filosofía práctica de la “ciencia real” para comprender el mundo y mejorarlo
“Las humanidades”, ha señalado Nancy Cartwright, “tienen valor por sí mismas, pero también pueden y deben ser útiles en la práctica, especialmente la filosofía”. A lo largo de las últimas cinco décadas, la galardonada en la categoría de Humanidades ha desarrollado una innovadora visión filosófica de qué es la ciencia y cómo puede ser aplicada, analizando las teorías y métodos no sólo de las ciencias naturales sino también de las ciencias sociales, con el objetivo de fundamentar las decisiones sobre políticas públicas en la mejor evidencia. “Una de las aportaciones importantes de mi trabajo”, ha resaltado en su discurso, “fue ayudar a impulsar un enfoque distinto, que desde entonces ha adquirido gran influencia: estudiar la ciencia no como un ideal abstracto, sino como una práctica real”.
La catedrática de las universidades de Durham (Reino Unido) y California en San Diego (EEUU) ha recordado cómo inició su carrera en el ámbito de la filosofía de la física, una disciplina científica que le apasionaba “no por la elegancia de sus teorías, sino porque puede ayudar a transformar el mundo. La mecánica cuántica, por ejemplo, fue esencial para desarrollar los láseres utilizados en cirugía ocular y los superconductores empleados en la resonancia magnética”.
En su primer libro, publicado en 1983 con un título provocador –How the Laws of Physics Lie (“Cómo mienten las leyes de la Física”)–, Cartwright desarrolló una visión crítica de la excesiva importancia atribuida a las leyes universales en este campo: “Formuladas como afirmaciones universales, las leyes no describen correctamente la realidad. Son ajustadas, corregidas, complementadas, ignoradas e incluso contradichas”, ha argumentado. “No era una crítica a las leyes, sino una llamada a comprender de manera más realista cómo funcionan para nosotros. Si queremos mejorar nuestra capacidad para utilizar la física con el fin de transformar el mundo, debemos entender cómo se emplea realmente, tanto cuando tiene éxito como cuando fracasa”.
Cartwright también ha destacado “la rehabilitación del concepto de causalidad” y el “desarrollo de procedimientos rigurosos para medir relaciones causales” como otras contribuciones fundamentales de su obra. Frente a las corrientes del positivismo y el conductismo, que percibían la causalidad como una noción demasiado imprecisa, Cartwright ha dedicado buena parte de su carrera a demostrar cómo “el conocimiento causal es esencial; comprender qué puede causar qué, qué no puede hacerlo y cómo adquirimos ese conocimiento es fundamental”.
Desde esta óptica, la galardonada se ha referido a utilidad práctica que ha tenido su trabajo filosófico al aplicarse a la adopción de políticas públicas basadas en la mejor evidencia, en campos como la educación, la protección de la infancia, la economía del desarrollo, la salud pública y la criminología. En este ámbito, Cartwright ha reivindicado la importancia fundamental de la interdisciplinariedad, otro rasgo distintivo de toda su obra: “Nada en la ciencia o en la filosofía produce resultados importantes por sí solo”, ha concluido. “Los logros fiables —ya sea una nueva ley, un dispositivo, un concepto o un método— dependen de la combinación de múltiples formas de conocimiento y de diversas metodologías entrelazadas. Hace falta toda una comunidad para construir un láser operativo, una intervención médica eficaz o una política social fiable”.
El perjuicio de perseguir “certezas increíbles” sin “afrontar la incertidumbre”
Charles Manski, galardonado en Economía, Finanzas y Gestión de Empresas, ha alertado de que “el análisis de políticas públicas con una certeza increíble no sirve bien a la sociedad”, destacando una idea central de sus cinco décadas de labor investigadora: que las conclusiones demasiado específicas que tienden a buscar algunos economistas pueden estar apoyadas en suposiciones, por lo que son más dañinas que beneficiosas.
”En mi investigación en econometría y economía del bienestar”, ha continuado, “he defendido que el análisis de políticas debe afrontar la incertidumbre. A veces se dice que los responsables políticos y el público no están dispuestos o no son capaces de lidiar con la incertidumbre. Creo que puede producirse un cambio beneficioso si aumenta la conciencia de que una certeza increíble es perjudicial. Los investigadores deberían esforzarse por proporcionar análisis de políticas creíbles, reconociendo la complejidad de la toma de decisiones en condiciones de incertidumbre”.
En su discurso, el titular de la Cátedra Board of Trustees de Economía en la Universidad Northwestern (Evanston, Illinois) ha agradecido que se le reconozcan sus “más de cincuenta años de investigación que integra la economía del bienestar, la teoría de la decisión y la econometría para mejorar la evaluación de las políticas públicas”, y ha profundizado aún más en cuáles son los daños específicos que la elección de políticas basada en una certeza excesiva puede hacer a la sociedad: “que busca maximizar un bienestar social hipotético, en lugar del bienestar real; que no reconoce el valor de la investigación orientada a mejorar nuestro conocimiento; y que no aprecia la utilidad de las estrategias de decisión que ayudan a la sociedad a afrontar la incertidumbre”. Por todo ello, el econometrista ha propuesto un análisis de políticas más creíble, transparente sobre sus límites y mejor adaptado a la complejidad de la toma de decisiones reales.
Manski ha condensado las razones fundamentales por las que el jurado le otorgó el Premio Fronteras del Conocimiento: haber desarrollado la identificación parcial, sustituyendo la búsqueda forzada de una cifra concreta por un rango de datos posibles, transformando con ello “la manera en que los economistas entienden lo que puede aprenderse de los datos y de los supuestos utilizados y cómo comunicar la incertidumbre de forma honesta”. Con sus palabras, el profesor Manski ha dejado claro por qué el jurado del premio lo definió como “una conciencia crítica de la medición en las ciencias sociales”, que a lo largo de toda su trayectoria ha buscado “fortalecer la credibilidad” de la investigación tanto en economía como en muchos otros campos, desde la perspectiva de un “escepticismo” constructivo.
Una ciencia social basada en datos capaz de “predecir las realidades que aún no vemos”
En la categoría de Ciencias Sociales, han recogido el galardón René Bautista, director de la Encuesta Social General (GSS por sus siglas en inglés), en representación de NORC de la Universidad de Chicago, y Kathleen Cagney, directora del Instituto de Investigación Social (ISR en inglés) de la Universidad de Michigan.
El doctor Bautista ha destacado que desde hace 85 años NORC tiene una misión clara: ayudar a la sociedad a conocerse mejor a sí misma. “Lo hacemos preguntando a la gente sobre su vida”, ha destacado, “sus creencias y sus esperanzas para el futuro, y convirtiendo esas respuestas en datos que puedan ponerse al servicio del bien común. La GSS, que se puso en marcha en 1972, es uno de los ejemplos más destacados de esa misión”.
El director de la encuesta referente en el estudio de valores y actitudes de la sociedad norteamericana ha destacado que su origen es una idea “sencilla pero contundente”: que los estudios individuales son importantes, pero las tendencias comparables ofrecen una visión más profunda. “Las tendencias –ha desarrollado– nos ayudan a distinguir la información relevante del ruido. Nos permiten observar si las actitudes cambian a lo largo de la vida de una persona, de una generación a otra o en determinados acontecimientos cruciales”.
Para terminar, Bautista ha resaltado que “este premio rinde homenaje a una de las creencias fundamentales de NORC: que medir con rigor científico la vida social no solo contribuye al avance de la ciencia, sino que también fomenta la confianza en los datos e impulsa el progreso social. En tiempos de cambios rápidos e incertidumbre, es un principio que importa más que nunca. Nuestra misión sigue siendo la misma: seguir atentos a las cuestiones que perduran y a las nuevas voces”.
Por su parte, Kathleen Cagney ha remarcado que recibir este premio es un reconocimiento al compromiso del ISR “con la ciencia basada en datos y el rigor metodológico al servicio de todos”.
“Hace más de 75 años”, ha relatado, “dos investigadores de la Universidad de Míchigan plantearon lo que parecía una pregunta sencilla: ¿quién iba a ganar las elecciones presidenciales de 1948? Su respuesta contradecía la opinión más extendida. Casi todo el mundo esperaba que Thomas Dewey derrotara a Harry Truman, pero los datos de su investigación arrojaban lo contrario. Truman ganó. Y esa ocasión ayudó a demostrar el poder de las ciencias sociales rigurosas, que no se limitan a describir el mundo, sino que predicen y revelan las realidades que todavía no vemos”.
La doctora Cagney ha señalado que las encuestas de opinión pública afrontan desafíos crecientes, como la caída en las tasas de respuesta, la erosión de la confianza en las instituciones y las nuevas tecnologías: fuentes emergentes de datos y herramientas como la inteligencia artificial son, considera, oportunidades para construir una investigación más sólida, transparente, replicable y accesible.
“Solemos describir nuestro trabajo”, ha concluido, “como la medición de la sociedad; pero la medición es solo el principio. El objetivo último de las ciencias sociales es el conocimiento: ayudar a las comunidades a tomar mejores decisiones, ayudar a las instituciones a ser más eficaces en los servicios que prestan a la gente y ayudar a las sociedades a desenvolverse frente a la incertidumbre”.
El valor universal de una música cosmopolita que trasciende fronteras
El valor universal y cosmopolita de la música, capaz de tender puentes en un panorama contemporáneo que dificulta la creación independiente, se ha reivindicado en el discurso de Unsuk Chin, galardonada en Música y Ópera. “Como compositora de nuestro tiempo, siempre me ha interesado lo que va más allá del ámbito nacional”, ha afirmado la creadora surcoreana, que desde su veintena reside en Alemania.
El concepto de arte autónomo, ha explicado, es algo fundamental en su trayectoria, así como la utopía de buscar un estilo personal e individual en cada obra, pero siempre en diálogo con el estado del material musical disponible a nivel global. Estos fueron los principios grabados a fuego por su maestro, el compositor György Ligeti, con quien se formó durante sus primeros años en Alemania. “Con los años, ha sido importante para mí no solo estudiar la tradición y la modernidad de la llamada música clásica ‘occidental’, sino también adentrarme en la música tradicional de diversas culturas”, ha añadido, subrayando la libertad que la música electroacústica le ha brindado para explorar la esencia y la “naturaleza interna” del sonido y el desarrollo orgánico de la forma musical a partir de las propiedades naturales de la materia sonora.
“Cuando miro la lista de los maravillosos galardonados con este reconocimiento, veo cosmopolitas. Desde sus distintas culturas, han ayudado a sobreponerse a las fronteras entre los círculos de música tradicionales y los de la música contemporánea”, ha declarado Chin, que también ha abogado por una vida musical sin tratos preferenciales basados en la nacionalidad, apariencia, género o diferencias estéticas.
Sin embargo, la artista ha iniciado su discurso con un apunte: “Un compositor se comunica a través de su trabajo, no a través de manifiestos o declaraciones”. Los asistentes al Concierto homenaje de ayer pudieron conocerla mejor a través de su Concierto para violonchelo, interpretado por la Euskadiko Orkestra y el solista alemán Alban Gerhardt. La pieza está dedicada, precisamente, al violonchelista, ya que su composición fue fruto de la colaboración entre ambos.
Por ese motivo, Chin ha preferido poner el foco en los tres pilares que, según ella, hacen posible la existencia de los compositores independientes: la interacción con los músicos que dan vida a la partitura, las estructuras de financiación que permiten crear música sin un fin comercial y el trabajo de quienes difunden la obra de esos compositores. “Sin ellos”, ha afirmado, “el fenómeno conocido como música clásica contemporánea no podría existir”.
En ese aspecto, ha señalado una paradoja de la actual sociedad de consumo, que se replica en el ámbito musical: “Convive la sobreestimulación mediática con la desaparición de biodiversidad. La escena musical está atrapada entre Escila y Caribdis: por un lado, puros intereses comerciales, por otro, guerras culturales y tribalistas”. Como respuesta, ha apelado al diálogo, algo que ella ha sabido integrar en su obra: su trabajo se inscribe en la tradición musical a la vez que la renueva, y bebe de distintas tradiciones culturales para acabar hablando un lenguaje universal.
Sobre los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento
La Fundación BBVA tiene como foco principal de sus programas de actividad el fomento de la investigación científica y la creación cultural de excelencia, y su difusión a la sociedad, así como el reconocimiento del talento a través de distintas familias de premios propios y en colaboración con Sociedades Científicas y el CSIC.
Los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento, dotados con 400.000 euros en cada una de sus ocho categorías, reconocen e incentivan contribuciones de singular impacto en las ciencias básicas, la biomedicina, las ciencias del medio ambiente y el cambio climático, las tecnologías de la información y la comunicación, las ciencias sociales, la economía, las humanidades y la música. El objetivo de los galardones, desde su creación en 2008, es celebrar y promover el valor del conocimiento como un bien público sin fronteras, que beneficia a toda la humanidad, siendo la mejor herramienta para afrontar los grandes desafíos globales de nuestro tiempo y ampliar la visión del mundo de cada persona. Sus ocho categorías se corresponden con el mapa del conocimiento del siglo XXI.
En esta familia de premios la Fundación BBVA cuenta con la colaboración de la principal organización pública española de investigación, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), que designa Comités Técnicos de Apoyo, integrados por destacados especialistas del correspondiente ámbito de conocimiento, que llevan a cabo la primera valoración de las candidaturas, elevando al jurado una propuesta razonada de finalistas.
El CSIC designa, además, la presidencia de cada uno de los ocho jurados en las ocho categorías de los premios y colabora en la designación de todos sus integrantes, contribuyendo a garantizar la objetividad en el reconocimiento de quienes desarrollan avances particularmente significativos en la ciencia y la música. La Presidencia del CSIC participa también de manera destacada en la ceremonia de entrega de los galardones que cada año se celebra en Bilbao, sede permanente de los Premios Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento.