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Goldwasser, Micali y Rivest analizan el reto de proteger la seguridad de los ciudadanos en la sociedad digital sin comprometer su intimidad

El trabajo de estos matemáticos ha sentado las bases del campo de la criptografía, con un impacto enorme en múltiples aspectos de nuestra vida cotidiana en la era digital: desde el uso del correo electrónico o las redes sociales, hasta las compras on-line o las transacciones financieras.

12 junio, 2018

Perfil

Shafi Goldwasser

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Silvio Micali

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Ronald Rivest

Audio de la rueda de prensa

Goldwasser, Micali y Rivest

La cuestión de hasta qué punto es posible preservar la seguridad de los ciudadanos sin comprometer su intimidad no tiene una respuesta clara, ni siquiera para los principales expertos mundiales en criptografía. Shafi Goldwasser, Silvio Micali y Ronald Rivest, los tres investigadores galardonados con el Premio Fronteras del Conocimiento en la categoría de Tecnologías de la Información y la Comunicación, junto con su colega israelí Adi Shamir, debatieron intensamente esta mañana durante la rueda de prensa previa a la ceremonia de entrega de los galardones, que tendrá lugar este miércoles en la Fundación BBVA. Los tres galardonados son catedráticos en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), en EEUU. El jurado de los premios se ha referido a ellos informalmente como “guardianes de la confidencialidad en la era digital”.

Para Goldwasser y Micali, la criptografía ofrece soluciones que permiten proteger los propios datos y a la vez que las fuerzas de seguridad puedan acceder a ellos en situaciones muy específicas, con el objetivo de actuar, por ejemplo, contra una organización terrorista. “No soy tan optimista”, dijo en cambio Rivest, quien aseguró que “este es un debate muy activo que sigue abierto porque el problema es global y complejo, y no veo sobre la mesa soluciones que hagan posible desencriptar mensajes para atrapar criminales sin comprometer la intimidad de todos; nos falta mucho para conseguirlo”.

Goldwasser puso ejemplos: “Hay herramientas matemáticas que hacen posible que la policía acceda a mi clave [para descifrar mi información encriptada] en determinadas circunstancias”, por ejemplo si el mensaje cifrado en cuestión es una foto y en ella aparece un reconocido terrorista. La clave podría incluso estar fragmentada y sus componentes distribuidos en instituciones de confianza, de forma que solo en determinados casos pudiera reconstituirse, explicó Micali. Sin embargo, sus argumentos no terminaron de convencer a Rivest: “Podríamos seguir y seguir con este debate…”

El Premio Fronteras del Conocimiento se les ha concedido por sus “contribuciones fundamentales a la criptología moderna, un área con un tremendo impacto en nuestra vida cotidiana”, señala el acta del jurado. Sus investigaciones “han hecho posible la transmisión segura de información electrónica, en ámbitos que abarcan desde el correo electrónico hasta las transacciones financieras. Su trabajo ha sentado además las bases de desarrollos como la firma digital, la tecnología blockchain y las criptomonedas”, como el Bitcoin.

Rivest se mostró conservador también en el área a la que más esfuerzo le ha dedicado últimamente: la seguridad del voto electrónico. “Tendemos a pensar que la última tecnología es la mejor, pero en lo que se refiere a las elecciones, la última tecnología aún no es lo bastante segura”, dijo Rivest. “Hoy en día lo más seguro son las papeletas de papel, no le recomendaría a nadie que enviara su voto a través de internet”.

Goldwasser ha explicado sus últimas investigaciones, centradas en el objetivo de sacar el máximo partido de los datos sin comprometer la intimidad de sus propietarios. El objetivo es permitir que diferentes entidades compartan sus bases de datos para extraer la máxima información fruto de esa agregación, pero sin dar acceso a la identidad anidada en los datos. Esto es útil en multitud de ámbitos, por ejemplo en la biomedicina con el análisis de datos genómicos, o en la clínica: “Varios hospitales pueden compartir información sobre qué tratamiento ha dado mejor resultado sin desvelar de qué paciente procede la información”, explicó.

Micali, por su parte, ha dedicado estos años al análisis de las criptomonedas. Está convencido de su gran utilidad, pero a la vez considera que “muchas de las que existen ahora no son en absoluto seguras”. Él trabaja en una nueva plataforma de transacciones con su compañía Algorand. Según Micali, Algorand resuelve los que en su opinión son los principales defectos de Bitcoin y el resto de las criptomonedas en uso, entre ellos un exceso de consumo energético y la alta centralización de la emisión de monedas.

Los pioneros de la criptografía moderna

A finales de los años setenta, prácticamente solo los gobiernos manejaban información encriptada. En 1977 Rivest, Shamir y su colega en el MIT Len Adleman –que posteriormente abandonaría el área de la criptografía– idearon un algoritmo matemático que por primera vez ponía al alcance de todos la posibilidad de encriptar información. Lo bautizaron con sus iniciales, RSA, y antes de publicarlo en una revista especializada explicaron parte del trabajo en Scientific American, ofreciendo mandar el resto a quienes lo solicitaran. La NSA (Agencia Nacional de Seguridad estadounidense) intentó frenar la difusión del algoritmo en vano: sus autores recibieron 7.000 peticiones y la técnica RSA se convirtió en el pistoletazo de salida de la criptografía moderna. El uso de RSA, sobre todo combinado con otras técnicas, sigue estando hoy muy extendido.

Desde entonces Rivest y Shamir han seguido contribuyendo muy activamente a diferentes aspectos de la criptografía. Rivest ha creado un algoritmo ampliamente usado para comprobar que un determinado archivo –por ejemplo descargado de la web– no ha sido modificado.

Goldwasser y Micali eran ambos estudiantes cuando se creó RSA. El área de la criptografía les fascinó y su primera aportación, aún como estudiantes de doctorado, fue desarrollar la demostración matemática de que un determinado método de encriptación es de verdad indescifrable.

Tras esas contribuciones seminales han llegado muchas otras. Goldwasser y Micali desarrollaron la llamada ‘prueba de conocimiento cero’, que demuestra que es posible convencer al interlocutor de la veracidad de algo, sin mostrar ese algo. Se trata de un algoritmo esencial presente desde en los procesos de autenticación, hasta en el uso de los bitcoins.

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